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17 octubre 2014

Melomanía: Duelo de 'solos' en la lejana década del 90


Tenemos un columnista de la revista y del blog que no conocemos y de vez en cuando nos manda sus notas. Nah, mentira, es un amigo del secundario que seguimos viéndonos después. (E hicimos de las nuestras). 
Armó varias bandas de rock, y disolvió muchas más. Tocó solo, (mejor dicho, grabó solo). Pero quizá la mejor banda que tuvo fue, según mi mansa opinión, ‘Club Juan Perfecto’. Que además de tener el mejor nombre del mundo, hizo ruido (literalmente hablando: gritaban, tenían la distorsión al mango) y fue ignorada por la escena de ese entonces. Pero ojo, en el microreducto del grunge de hace unos años, se ganó un lugar. Incluso grabó una canción para un disco tributo a esa bandita que quizá te suene: ‘Nirvana’. Disco que se consigue por la internet.
En fin. Hoy día dejó la música por completo, al menos dejó de tocar en vivo, de ensayar con una banda y esas cosas. Quizás en su casa toque, qué sé yo, no puedo saberlo. No estoy arriba del chabón todo el día, tengo cosas que hacer, ¿ok?
Aparte hace bastante que no nos vemos. El chabón medio que se encerró.
Algunos amigos en común afirman que está todo el día en una bata con dibujos de pescaditos tocando la guitarra. O sea, ¡tocándola! ¿me entendés? Apoya la palma de la mano en la caja y se queda así por horas. Otros dicen que trabaja de 8 a 12... pero 12 del mediodía. Y tiene toda la tarde para pasear, ir a bares y comer tostados con agua finamente gasificada; deambular por las calles de Flores y recordar las tribulaciones aquellas.
La verdad no sabemos, lo cierto es que cada tanto, Jijo, nos manda su parecer de la música del ayer y del hoy.   

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Duelo de solos en la lejana década del 90
Por Jijo

Hubo un momento preciso en la triste historia de la sin razón rockera que dominó la escena de los años 90. Fue un momento de ebullición tecnológico de la mano de MTV donde el video se apoderó del vislumbre, del sobresalir. El mandamiento decía, si tu meta era tener un banda exitosa, si querías fama, dinero y drogas, debías, no solo producir un disco comercialmente potable sino realizar un videoclip con los típicos cliches de la época. Ahora; hubo un momento donde todo rozó lo grotesco.
Resulta que un día, el querido guitarrista de Guns N' Roses, Slash (si no lo conocés lee otra cosa, dedicate a otra cosa, cambiate de sexo), decidió que quería realizar sus dos ‘solos’ del tema “November Rain”, en una capilla. Pero no una capillita de Los Ángeles, no, una capilla en medio de la nada, en el desierto, donde el cura estaba petrificado adentro. Bueno, ahí quería hacerlo y ahí lo hizo. La verdad, para la época estuvo bien, un poco jugando al cowboy glam pero lindo.
 
Esta imagen abrió varias cabezas de rock angelino y una de ellas fue la del guitarrista de Bon Jovi. Sí, Richie Sambora. Resulta que ante la grabación del video del tema “Bed of Roses”, una balada que chorrea azúcar impalpable, pero bueno eran los 90, éramos ingenuos aún. Y ante esto Richie pensó: “si este melenudo salvaje se fue al toor del mundo, ¡yo me voy a ir más lejos!”. Y grabó su ‘solo’ (solito, punteito, notitas lindas y poco más) ¡en la mismísima punta de una montaña nevada!

“Listo, gané”, pensó el bueno de Richie, “ya está, ¡soy el más noventoso de los violeros ochentosos!”
 
¿Cómo sigue esto? Resulta que ante la inminente separación de los Guns N' Roses, sí, Axl ya creía que era el Cesar y Cleopatra juntos, y la obligación contractual de filmar un video más del ultragastado ‘Use your illusion’, nuestro amigo Slash se tomó revancha porque el video de la canción “Estranged” (balada somnífera delfinesca) sería filmado en un barco gigante. Y sí amigos, como no podía ser de otra manera, ¡Slash tocó su ‘solo’ en el medio del océano! Y no arriba de un barquito, sino emergiendo de las profundidades como el Poseidón de las seis cuerdas!

Después hubo muchos más imitadores, busquen y van a ver. Hubo miles, pero esto muchachos, esto, empezó así. 






14 octubre 2014

A veces se me paran las tetillas

A veces se me paran las tetillas.
Pero mal. No sabés.
Me acuerdo que empezó a eso de los 25 años.
Me bañaba y después no me podía secar, me raspaba de una manera descomunal. Pero, bueno, podía esquivarlas. Podía hacer que la toalla no hiciera contacto con la tetilla erecta. Filosa. Puntiaguda.
Lo jodido venía después. Cuando me ponía la remera.
No la soportaba. El roce me mataba. Me ardían, se me ponían rojas como grano de adolescente a punto de explotar sobre el espejo del botiquín del baño. Se me ponían duras como pija de chabón con la mujer en cuarentena. Y no soy de esos que andan en cuero por la vida. Ni loco. Cuando era chico odiaba sacarme la remera en público. Y si había chicas mucho más. Odiaba esa regla pelotuda que, al jugar a la pelota, un equipo se sacaba la remera para poder diferenciarse. De un lado, los de remera y del otro, los ‘en cuero’. Andá a cagar. No juego una mierda, chau.
Pero volviendo un poco más acá, cuando se me empezaron a parar las tetillas como lanzas, como un cazador apuntando a su presa, no soportaba las remeras. Bien me podía quedar en mi casa, pesarán ustedes, pero no, era justamente todo lo contrario. Estaba en una etapa muy para afuera. Salía todos los fines de semana, y en la semana también, mucho. Salía, iba a todos lados, no podía dejar de moverme, saltaba, gritaba, me tomaba todo, y seguía moviéndome. Bailaba hasta sin música. Cuando estábamos en una fiesta, bar o boliche nunca quería irme. ¿No les pasa eso? ¿No? ¿Nunca? A veces estoy tan bien en un lugar que no quiero irme, no puedo.
Mis amigos me iban a buscar ya muertos, a las 6 de la mañana —y posta, ya no daba para más, había cinco gatos locos, y dos minas, una de ellas borracha, muerta en un sillón— y yo me escapaba. Me escurría entre la oscuridad artificial del antro de turno.
Qué insoportable, por Dios.
Recuerdo a Nadia, una amiga, intentando mediar entre los que se querían ir y yo. Pero no podía, era un pez en un estanque. Saltando, nadando, totalmente encendido como si fuera la 1 de la mañana y la noche estuviera empezando. Y sin pastillas, ni falopa, eh, hojaldre. Ni loco tomaba esas cosas. A lo sumo tomé un par de pepas en mi vida (que en otro momento contaré), pero pastillas no. Es más, una vez recuerdo una noche en Mar del Plata, en una fiesta con no sé qué DJ, le ‘jugué’ una competencia a un amigo que estaba totalmente empastillado. Yo escabiando, normal. Y él pastiado hasta la manivela. Rebotando de acá para allá toda la noche, escabiamos, ‘chamuyamos’, y esas cosas que hacemos los humanos cuando somos jóvenes. Se hizo de día, ya había sol adentro del boliche, y seguíamos. Yo ya me había pasado al agua —insisto, nada de pastillas— y seguía, seguía moviéndome. Pero en un momento no pude más. 8 y pico de la mañana de golpe el cansancio me vino entero encima. Mi amigo ganó, él podía seguir. Yo ya no. Pero le di pelea. Fui el Rocky, de ‘Rocky I’, llegué al Round 15. Perdí, sí, pero aguanté hasta el final, de pie, estoico.
Pero bueno, la cosa es que a veces se me paran las tetillas. Y me raspan mal, son navajas de marfil incandescentes.
Pero descubrí unas curitas redondas que van como pezonera de vedette, que no sabés.
A vos, sí, a vos, que también se te paran las tetillas, pero nunca se lo contaste a nadie, te las recomiendo. Son una hermosura. 

Sebastián Culp.


03 octubre 2014

Los Conjeturadores

¿Qué carajo pasa entre la pareja esta?

Núñez
Sábado
16:23
Ella 32
Él 33
Bebé XX




Ella se siente realizada. 
Tiene lo que quiere.
Marido
Un pibe.
Un carrito re lindo para trasportarlo. El que ella tanto quería, el mismo que tenía la forra de Jaz, la otra mami del club que frecuentan.
Mira el horizonte seria, pero es una mirada de victoria. Una victoria sobria, secreta.
Festeja para sus adentros. “Lo tengo todo”, dice la concha seca.
  

Él se siente ahogado.
No sabe como llegó hasta ahí. Si observan bien van a notar el andar adolescente. De golpe se vio ahí, enjaulado.
Tiene calor, le hierve la sangre, por eso está en remera. Dejó el buzo en el auto.
Quisiera estar con los amigos jugando a la pelota; o en el río tomando cerveza; o en la casa de uno viendo que van a hacer a la noche; o en la cola del banco. Cualquier cosa sería mejor. Cualquier lugar sería el mismísimo cielo al lado de esto que le toca en suerte. Suerte las bolas, lo eligió él.
Por eso whatsappea a lo loco. Ese teléfono es la puta puerta a aquello que anhela. Ese puto mensaje es el escape, la fuga. “Dios bendiga a los grupos de Whatsapp”, piensa el pobre infeliz. Dios bendiga al forro que inventó el 3G que, aunque ande como el orto, cuando agarra señal siente que esta ahí con ellos. Se ríe, se queja, hace chistes, pasa videitos, fotos, y a veces pide auxilio: “Sáquenme de acá”, podría estar escribiendo, el pobre infeliz, en el momento de la foto.


¿Conclusión?
¿Les parece?

Los invitamos a que compartan sus potenciales conclusiones

Siempre suyos, Los conjeturadores 

30 septiembre 2014

Tiempo Libre

Nota escrita para el portal El meme / Mayo 2014
http://elmeme.me/bigote_falso/articulos 

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Tiempo Libre, te cachetea a mil cuadros por segundo
Por Sebastián Culp / @Bigote_Falso

En clave falso reality show, la nueva serie de Martín Piroyansky, intenta sacarnos del sopor cotidiano con una puesta en escena que nos cachetea a mil cuadros por segundo.
Dos buenas noticias: La merecíamos, y bien dada fue.




Tiempo Libre es una serie en principio para UN3 —canal de Tres de Febrero que está produciendo a troche y moche (“Eléctrica”, de Esteban Menis; “Cúmulo y Nimbo”, de Martín Garabal; “En el carrusel”, con Vera Spinetta, entre otros)— y luego, o más precisamente en simultaneo, para youtube.

La mente creadora es Martín Piroyansky quien escribe —junto a Ignacio Sánchez Mestre y Rodrigo Morales— dirige y protagoniza.
Y lo acompañan: Paula Grinszpan, Laila Maltz, David “Toto” Szechtman, Sebastián Wainraich, Lali Espósito, Felipe Colombo, Sabrina Carballo, Inés Efrón, Benjamín Rojas, Emmanuel Horvilleur, Emme y Clemente Cancela. 

Revelación: Toto.
Personaje desubicado: Toto.
Quiero que sea mi amigo: Toto.
Personaje multifacético que por momentos da miedo: Karen (O Karin, como ella preferiría)      
Hallazgo: La madre blureada (imagen y voz), por no querer aparecer en cámara.

20 capítulos que van de 8 a 10 minutos.  

La premisa es muy simple, se cuenta en el primer capitulo en más o menos 10 segundos: “Hola, mi nombre es Martín Piroyansky, soy actor y en este momento no estoy trabajando así que a través de este programa van a poder ver qué es lo que hace un actor en su tiempo libre”.
Listo. Suficiente. Estás adentro.
Ya lo dijo George Stofenmacher, lo breve y bueno, dos veces breve (?). No, pará, releo lo que acabo de poner pero no tiene ningún sentido, ¿así era? Lo cierto es que la serie es de lo mejor que he visto en los últimos 25 días. Nah, otro chiste. Ironía que intenta hacer referencia que hoy día las series se miran como falopa, y que vamos tras lo nuevo como zombies. (Sí, ya se había entendido, nada más triste y patético que explicar los chistes, chabón. Incluso esto mismo. ¡Basta!)

Me piso la cola escribiendo esto, porque la serie se la pisa a ella misma. Tomando algo de “The Office”, la presencia y conciencia de la cámara; de “Curb your enthusiasm, y “Extras”, actores reconocidos se representan a sí mismos, Tiempo Libre es un falso reality,  que cuenta las vicisitudes cotidianas de un Martín Piroyansky neurótico y sensible, donde se la pasa pidiendo perdón o haciéndose cargo de cosas que lo exceden. (El Dios padre de esto es Larry David). Serie que funciona muy bien; es divertida, dinámica, bien estructurada, muy bien actuada, pero que a partir del capítulo 8 da un giro narrativo novedoso. No en la trama general sino más bien en los “acontecimientos” de ese episodio. La forma está unida a fuego al sentido. Sí, eso es del maestro Hitchcock, que decía que la forma debe estar siempre en función del sentido.
El capítulo te lleva de un lugar a otro, un personaje hace un joda, otro le devuelve una contra joda; después otra contra joda y otra contra-contra joda plasmado en escena (puesta en escena pura) de una manera muy simple y compleja a la vez. Ahí la cámara se transforma de manera cabal en un personaje más. Autoconciencia de Martín Piroyansky realizador que llega a su cenit en el capítulo 9. Donde sentados en la isla de edición, cuentan que perdieron la tarjeta de memoria con el sonido de ese episodio, entonces deben ir relatando en off todos los sucesos.
Listo, cerrame la 5.
Envolveme las sobras.  
Vamos a casa.
Autoconciencia que a priori puede sonar a “muy intelectual” o qué sé yo. Bueno, no. Es uno de los capítulos más graciosos.
¿Reflexionar sobre algo, rompiendo formatos y hacer reír a la vez?
 No creo que haya muchos directores que se puedan acreditar esa síntesis.

No sé si la gente “especializada” reparó en esto o no, no sé si “críticos” le dieron estrellitas o no. Desde acá arrojo este alarido de justicia: Tiempo Libre es una historia desopilante, neurótica y culpogena, contada de una manera totalmente nueva, ingeniosa y efectiva, que no debería dejar afuera a nadie: “Forma en función del sentido”, ¿te suena?


Después mucho más.
Una posible remake de Friends. Escenas entre 8 personajes excelentemente actuada.
La intrincada historia del ex-novio de la novia actual de Martín.
La aparición de un productor con demasiada cabeza de “productor”.
Toto que es puro sentimiento.  

Me hubiera gustado que la juzguen por ustedes mismos, pero me cebé opinando bocha
Acá, lo que importa:

Tiempo Libre - Online y Completa:







26 septiembre 2014

Cuando era chico comía talco. 
No sé cómo empezó. 
Un día después de bañarme, mientras me ponía talco en las bolitas y los pies, hice ollita con una mano, la llené de ese polvillo mágico y ¡pa! Me lo mandé. De una. 
Qué hermoso, ¿no?
Ojo, talco común, ¡eh! Nada del especial para pies. Ese no por Dios. El común, el común.

Después de ahí, lo empecé a hacer seguidito. 
No todos los días, pará, tampoco soy un asqueroso, ¿qué se creen?
Pero cada tanto, después de ponerme talco en las bolitas y pies, la misma rutina: Ollita con la mano, la llenaba de talco (pero la llenaba eh) y fondo blanco. A troden. A cobrarle a Gardel. (?)
Masticaba talco.
Lo saboreaba.
Lo movía entre los dientes, entre la lengua.
Sé lo que están pensando... mmm, qué delicia. (?)

Con el tiempo fui dejando tamaña excentricidad.
Bueh... tampoco taaaaan excéntrica, ¿no?, ¿No?, ¿¡NO!?

Pero claro, recién ahora llueven infinidad de programas de obsesiones anómalas. Donde la gente come papel higiénico o marcos de puertas. O donde una pobre mina no puede dormir sin un secador de pelo encendido al lado de la cama. O programas sobre los ‘Acumuladores’: gente que, por ejemplo, vive con todos los celofanes de los todos los puchos que compró en toda su patética vida, tirados por ahí, en algún lado de la inmensa bola de mugre que es su casa. Porque: “No la puedo tirar, quizás sea útil para algo”, dice, el pobre infeliz. “Sí, amigo, seguro: cuando te quedes sin ropa limpia vas a poder hacerte una remera uniendo prolijamente todos los celofanes”.

Pero ¿dónde estaban antes estos programas?
¿Dónde estaban a mis 10 u 11 años cuando hacía la ‘gracia’?
¿Dónde estaban cuando después de bañarme le daba un sabroso bocado a ese néctar celestial que se atascaba en mi garganta?
¿¿Dónde estaban cuando de chico comía talco??

Sebastián Culp



17 septiembre 2014

La Noche de Carla

Breve análisis sobre una obra de teatro

La Noche de Lando
Lando: Carla Facciorusso
Participación especial: Carlos Facciorusso, como Charly (Sí, su papá)
Artistas invitados: Alejando Talarico y Mariano Alonso 
Espacio Dinamo
10 de mayo de 2014 

Resulta que la actriz y monologuista, Carla Facciorusso, no tuvo mejor idea que poner a actuar a su propio padre en una escena descabellada basada en hechos reales.

Un poco de historia:
La cosa es que, al parecer, Carla recuerda que de niña su padre la habría rociado con helados chorros de soda en alguna sobremesa de algún almuerzo familiar de un domingo cualquiera. Pero que desde ese momento, ya no sería un día cualquiera, por el contrario, este hecho iba a quedar marcado a fuego en algún rincón de la psique de Carla.

Carla continúa, como puede, como todos, con su vida. Va al Pellegrini, elige Imagen y Sonido como carrera, consigue un trabajo, deja el trabajo, se alquila un departamento, sale con chicos, se hace de montón de amigas, se pelea con algunas, adquiere deudas, va a asados con vino, se pone de novia, se psicoanaliza, toma fernet a rolete, entre otras tantas.
Pero un día, ya de ‘grande’ se da cuenta de que lo que más le gusta es actuar.
Estudia, ensaya, conoce gente.
Comienza a actuar. Está bueno. Pero no le alcanza. No le alcanza con representar lo que otro escribió. Quiere más.
Toda esa verborragia debe ser canalizada. Toda esa sed de ‘decir’ debe explotar de otra manera.
Estudia dramaturgia, monólogo o cómo cazzo sea.
Escribe y escribe. Se da cuenta de que es lo que hizo siempre.
Ensaya, conoce otra gente.
Y sale a escena. De verdad. Ahora sí.
Saca sus demonios. Explota. En formato monólogos (y no stand up) dice lo que quiere decir. Sentencia. Avasalla. Y para colmo hace reír.
Hace reír a los gritos, a los de este lado, escupiendo los tartines de puerro y queso gratinado o las pizzas de calabaza con berenjenas. Menjunjes típicos de los modernos espacios de arte.

Listo, es redondo.
Alguien logra exorcizar su mundo interior, actuando lo que escribe de una manera intensa, y es recibido muy bien por los presentes que ríen como marranos y, más luego, (el que tenga ganas) hasta puede reflexionar.  

Bueno, pero hay más.
Siempre, si hablamos de Carla, va a haber más.

Volvemos al presente:
Carla, ya curtida, actúa todos los fines de semana. Recibe aplausos, la gente se ríe, pagan una entrada o saca generosas gorras. Los antros le regalan cerveza o fernet (a veces las dos juntas), tiene camarín, fanáticos, amigos que van a todas las funciones, amigos actores (y muy buenos) que juntos hacen ciclos, festivales, números, beben y ríen, oh, sí, la noche es suya.

Bueno, pero como los traumas generan surcos en algún lado, y están ahí molestándonos, este (las amenazas constantes del padre y, finalmente, el chorro de soda que impactó su rostro) no podía ocultarse mucho tiempo más. Pedía, a los gritos, salir. Frente a la demanda inocente de su padre, quizás un chiste: “¡Quiero actuar! ¿No me llevás a algo que hagas?”, Carla, cerró los ojos y pensó: “Este es mi momento”.

Carla tiene un personaje exquisito llamado Lando, Lando Nuncalapo. Es un desparpajo de hombre: fanfarrón, sucio, engreído. Estuvo preso, en algún tiempo remoto fue un galante. Porta un tupido bigote de pervertido, y en cada salida a escena narra sus vicisitudes con exagerada emoción y movimientos pélvicos. Bueno, Carla, que es una excelente monologuista-dramaturga, se le ocurrió la idea de un reencuentro entre dos viejos amigos: Lando y Charly, personaje a interpretar por su padre.
El reencuentro (ficticio) vendría a enmendar algunas rispideces de antaño. Resulta que Charly habría rociado a Lando con un sifón. (!)

Listo, si están leyendo con cierta atención este texto no tendría que seguir escribiendo.
Ok, igual sigo.

Carla, representando a Lando lleva a escena un trauma de la infancia, lleva a escena a su propio padre para confrontarlo. 
Los dos hombres (en la obra) se baten a duelo a punta de sifones cargados hasta su tope. Carla, es decir, Lando, pide que Charly (su padre) se disculpe. La escena resulta hilarante. El padre actúa realmente mal: se olvida la letra, se olvida del tono de su personaje, no se le escucha la voz y por momentos trata a Lando de “ella”. Ella es Carla. El trabajo está hecho.
Carla logra su cometido.
Pero aún hay más.
En una escena de más de 20 minutos en donde Lando, ya cansado porque Charly no está dispuesto a disculparse, se acomoda para disparar.
La sala colmada intuye lo que va a pasar.
Miran expectantes.
Lando rompiendo la cuarta pared, y la representación (ya la había roto hace rato), mira cómplice. Mira para ver la reacción. 
Enardecidos, los que estamos de este lado nos mancomunamos en un alarido: “¡¡¡Tirale, mojalo, matalooo!!!”.

Lando sin más, aprieta el gatillo y baña de soda a su viejo amigo, Charly.

El público delira.
Era lo que todos queríamos.
Era lo que Carla quería. Lo que necesitaba.

Hay gente que va a terapia toda su vida.
Hay otra que jamás habla sobre aquello que le molestó de tal o cual cosa. Y se guarda eso como un acto de grandeza, como diciendo: “me la banco”. (Nada más alejado, mi amigo).
Y hay otra, que lleva a su propio padre a “sus” tierras, lo pone en escena a la vista de todos y le paga con la misma moneda. Pero atenti, en una representación, en una puesta en escena. Lo cual eleva la apuesta. No se limita a una mera venganza del tipo “ojo por ojo” (no tendría el mínimo sentido) sino que lo transforma en una obra, en un hecho estético.

Carla, seguramente ya no está molesta por aquel evento del chorro de soda, ya está, ya pasó. Quizás sea otra cosa, quizá Carla está diciendo: “No me voy a casar de blanco, no puedo pagar un crédito para una casa, no tengo perro, ni trabajo en una multinacional, pero este es mi lugar, y acá se hacen las cosas a mi modo”.          

Insuperable.

Hoy, Carla avanzó 10 casilleros en la carrera de la vida.  

Sebastián Culp.












    

14 septiembre 2014

La cita de Casanova

A los 10, 11 años con dos amigos del colegio nos pasábamos todo el día juntos. 
Éramos el grupo de los 3: Casanova, Gutty y yo. Hablábamos de 'Volver al futuro', de chicas y de sandeces varias. Una vuelta, Casanova, fue a tomar un helado con una compañera nuestra. 
Se encontraron en la puerta del colegio a eso de las 3 de la tarde y fueron a Altri, una heladería de Avellaneda y Fray Cayetano. Se pidieron un helado en vasito y se sentaron afuera, en esos bancos de madera blancos. 
Tomaron el helado y charlaron. Ella revoleaba el pelo de un lado a otro. 
Después se fueron. No pasó nada.

¿Cómo sabemos tantos detalles?

Porque con Gutty, los perseguimos. 
Caminábamos a media cuadra de distancia y apostados en la Shell de enfrente a la heladería, entre unos carteles, espiamos toda la 'cita'.

Después fuimos a buscar a Casanova, como si nada hubiera pasado, y le pedimos que nos contara todo.

Dijo —entre otras cosas— que nos había visto.

Sebastián Culp.


05 septiembre 2014

La trama invisible - Novela (2014)

Volvió ‘La trama invisible’ y en forma de fichas 

Así es: finalmente ha llegado esta novela en una auténtica reedición totalmente renovada, para leer y releer entre amigos y familia política. 

La novela tan esperada por la madre del autor, algún amigo que no la leyó y la ‘enorme’ cantidad de seguidores que fuimos reuniendo en estos más de dos años de blog/revista/editorial.

La trama invisible 
Sebastián Culp
2da edición Bigote Falso 2014
180 páginas del más fino humor y aventura policíaca sin policías.
12x20 cm
Género: Investigación-Parodia
Cantidad de ejemplares: 50 (si colgás, perdés)
Precio: $60 pe

Pedidos, encargos, reservas (te la llevamos a tu casa) escribiendo acá abajo o a: bigotefalso@hotmail.com.ar


Historia: 
Tres periodistas medio obsesivos, medio paranoicos, al encontrar un libro de procedencia dudosa, y de autor desconocido, emprenden (cada uno por su lado) una investigación. Saber quién está detrás de ese libro, de esa obra quizá conceptual, quizá una barrabasada bárbara.
La pesquisa se torna intrincada pero absurda a la vez.

Mariel, Fernando y Guillermo (por ponerles algún nombre) deberán relacionarse con personajes excéntricos, tipos muy poco serios, grupos sectarios, libros de cuentos policiales, juegos de azar, pinturas surrealistas, películas cómicas, ciclos de cine snobs, disquerías de fanáticos intolerantes, recitales de heavy metal satánicos, panchos con “lluvia” de papas, persecuciones en taxis, mapas y barrios de la capital, etc. etc. etc.

¿Podrán llegar al fondo del asunto?
¿Podrán encontrar la ruta o la calle (aunque sea un pasaje, mientras no sea una cortada) que los lleve a la verdad?
¿Será todo una joda u obra de algún genio oculto?
¿Tiene solución el cubo mágico? ¿En cuántos movimientos más o meno...?
¿Podrán volver a la normalidad después de todo esto?
¿Cuánto decimales tiene el número PI?
¿Mata la sandia con vino?









Gracias infinitas a: Gustavo Ariel Farenzena, Yanina Di Bello, Lucila Yañez, Juan Pablo Cañal y Manuel Fernández Lorea. (Pasen por caja para obtener su ejemplar)


01 septiembre 2014

La otra regla de la L

Siempre pensé que era disléxico. 
Siempre pensé que era lento. 
Me costaba el estudio, me costaba leer y me costaban los dictados. 
Era lento para asimilar algunas cosas. 
Aún hoy, tengo faltas, me confundo algunas palabras y algunas letras al leer o al tipear. 
Se me mezcla cuando me quiero referir a la izquierda o la derecha; nunca me acuerdo cuál es la seña del ancho de basto y cuál la del ancho de espada en el truco; y siempre dudo si la L es la derecha y la R la izquierda o viceversa, en los auriculares del mp3.

Toda la vida se lo adjudiqué a una dislexia que me inventé (nunca me la diagnosticaron) o a una incapacidad de otro tipo. Pero no, hace poco, Andrés Borghi (en compañía de Ariana) me dio una ejemplo práctico sobre el tema puntual de los auriculares.
Levantó la mano izquierda y dibujó una L con el dedo índice y pulgar: “Left”, me dijo.
Como —es obvio— leemos de izquierda a derecha, este “ayuda-memoria” o truco es infalible: Mano izquierda haciendo la “L” = Left = Izquierda.
Mano derecha haciendo la L, nada, ni siquiera es una L.

A partir de esta simple, llana, pavota explicación nunca más volví a dudar sobre qué auricular va en cada orificio auditivo.

No soy disléxico, no tengo problemas de aprendizaje ni me cuesta asimilar un carajo. Alguien me da una explicación práctica y nunca más vuelvo a dudar.

Entonces concluyo: la gente que se encargó de enseñarme ciertas cosas, lo hace mal.

Sebastián Culp



22 agosto 2014

¡Colaboraciones!

La señorita Lucila Yañez publicó -una vez más- un cuento en la revista online: Lectura de Verano

¿Qué cuento? = Hombre de las mil pecas

¿Cómo hago para leerlo? = Dale clic acá: 

Todo gracias a Seelvana: https://www.facebook.com/Seelvainilla

Pasen y lean, y vean el dibujito de la mEsmísima, Lucila.
La revista es una pinturita y el cuento, ni les digo!!!

¡Feliz viernes para todos!


15 agosto 2014

La trama invisible

Amigos: 
Se viene la 2da edición de la novela "La trama invisible", de Seba Culp.

Dijo la madre del autor el otro día: "¿Cómo era la novela esa... donde tres periodistas buscaban un libro...? ¿Era una novela de Guillermo Martínez? ... ¡Ah no!, era la novela de mi hijo". 

Mientras esto ocurre, en este blog paralelo podrán leer algo, un poco, un cachito

HOY, el 1er capítulo: El hombre del cubo mágico 

Imaginemos un cuadrado blanco, un marco. Imaginemos como de a poco se empieza a llenar, a completar. Líneas, colores, diferentes trazos. De a poco esos garabatos abstracto-geométricos empiezan a tomar forma concreta. Supongamos, una gran casona antigua, alta, venida a menos, de fachada sucia, paredes negras, ventanas enclenques, y curtidas por el sol y la lluvia. Imaginemos algo así como una cerca, supongamos una reja y un cartel que sentencia: “Prohibido pasar”. Alrededor hay árboles, arbustos, plantaciones exóticas. Imaginemos ahora que esta casa se emplaza en un barrio caro y exclusivo de alguna ciudad que no se llega a reconocer. En la punta de la casona, arriba, hay una habitación, un altillo, y la ventana con las persianas abiertas deja ver una luz encendida, tenue, amarilla, casi cálida.
Seguir leyendo ------------> http://latramainvisible-novela.blogspot.com.ar/



13 agosto 2014

Cuando era chico dibujaba

Cuando era chico dibujaba. Bah, chico, adolescente. 16, 17, 18 años. 
Dibujaba todo el día.
Dibujaba en el colegio.
Dibujaba en mi cuarto de noche, escuchando la radio. Más precisamente el programa “El robo del siglo” con Matías Martin y Diego Ageli de la Rock&pop.
Era espectacular ese momento: Día de semana, 11, 12 de la noche, con la radio de fondo: llamados de Tangalanga en vivo, aforismos, los Peligrosos Gorriones, y yo meta dibujar.
Dibujaba sin saber nada
Dibujaba sin técnica, sin idea de perspectiva ni conocimientos de ningún tipo
Dibujaba sin lavadoras, dibujaba sin licuadoras, sin batidoras, sin televisores, sin secadoras.
Solamente apoyaba el lápiz y lo movía por la hoja en blanco.
A veces hoja de carpeta. A veces hoja de computadora.
De la computadora de mi hermana. Yo no tenía.
Me quedaba en mi cuarto dibujando. Mi mundo era un escritorio, lápices, hojas, y la radio.
Nunca estudié dibujo (se nota) pero me gustaba dibujar, la pasaba bien.
Dibujaba bastante.
Casi siempre copiaba.
Copiaba comics, copiaba fotos, copiaba otros dibujos de amigos que sí dibujaban bien.
Todas las semanas me llegaba a mi casa la historieta de Los Simpson.
Historieta olvidable, pero estaba buena para copiar.
La copiaba y al otro día llevaba los dibujos al colegio y un amigo que conocía las historietas intentaba adivinar de qué número era mi dibujo o de qué viñeta.
Intentaba inventar personajes, pero la verdad es que repetía siempre una “formulita” muy pedorra.
Empezaba por los ojos, después la nariz, la boca, el pelo y el cuerpo. Siempre la misma. Siempre tres cuartos perfil. No tenía otra.
Era la misma base, lo que cambiara era el tamaño del pelo; jopo, raya al costado o gorra visera; Ojos grandes, de fisura o anteojos; Narices enormes, con granos o diminutas.

Como dije, también copiaba a amigos que dibujaban de putísima madre.
Los copiaba. Quería ser como ellos. Pero no. No me salía inventar esos mundos. A duras penas, me salía copiar.
De todos modos disfrutaba mucho de dibujar.

Pero un día, en 4to o 5to año, aburrido en una clase de matemática y enamorado de una chica de otro curso que no me daba bola, me salió una especie de poema.
Un poema un poco pretencioso, pero sincero.
Se llamaba “Mujer bonsái”.
Qué andá a saber porqué se llamaba así, porque la chica era alta. Alta y flaca. Y los bonsái son más bien bajos. Bajos y anchos.

Pero la cosa es que a partir de ese momento empecé a escribir y dejé de dibujar.
No fue automático. Pero como que a medida que iba escribiendo, se iba diluyendo el dibujo.

Ahora, de lo que no estoy seguro es si el mundo ganó un escritor y perdió un dibujante, o si fue la literatura la que perdió con mi incorporación y el dibujo, el que ganó con mi ausencia.

Pero no hay por qué hacer conclusiones apresuradas, ¿no?

Sebastián Culp

Deposito una breve galería de mis dibujos de aquellos mozos años:












06 agosto 2014

BF #2: Pre-venta

¡Hola, amigos!

Para poder ultimar unos detalles de la edición lanzamos esta pre-venta
No es donación
No es crowdfunding
Es pagar por adelantado lo que vas a recibir después

BF #2
Más páginas
Más dibujos
Más notas
Más entrevistas
Más color
Nuevas secciones
Hamburguesas caseras
Crónicas que nos avergüenzan
Videojuegos
Sombreros de paja
Bicicletas
Categorizaciones tendenciosas
Historias de la infancia
Obsesiones
Top 5 caprichosos
Gallinas batarazas
Música, cine y libros
Súper 8
Confeti y fresa fizz

Algunas firmas:
Ciudadano ilustre
Hernán Panessi
El ratón Disney
Se Me Apagó el Piloto
Marcelo Carne Yañes
Leticia Cappellotto
Brunancio
Julián Garro
Fede Araya
Hagamos Un Trato - Comunidad de Pymes
Seelvana

En total son 22 los colaboradores y 7 las entrevistas
5 los dedos de una mano y 9 las temporadas de Los Simpsons que están buenas #Datos (?)

¿Qué sale?
$40

¿Adónde escribo para asegurarme ya de un futuro ejemplar?
bigotefalso@hotmail.com.ar

Si te gusta esto, aparte de hacérnoslo saber con el “like”, compartí el post
¡Muchas gracias a todos, posta!
¡Los amamos!






P.D.: Amigos, no mencionamos a todos los colaboradores para dejar algo de misterio. Sepan que los queremos a todos por igual!



30 julio 2014

Ideas para salvar al mundo #1:

Sistema para sacar entradas de cine

Si nos organizamos ganamos todos

Si los proveedores de entretenimiento fílmico de las grandes cadenas tuvieran 2 dedos de frente deberían tomar nota de esta ideita:

Hay un problema que se repite una y otra vez al ir al cine en las grandes cadenas.
Hay una sola cola para sacar la entrada de TODAS las películas. No importa si una empieza dentro de 25 minutos, en una hora o YA mismo, en este preciso instante, AHORA, YAYAYA.
El que viene cortando semáforos, al trote, con los pibes flameando de la mano, todo sudado y exhausto, se desayuna con una cola de proporciones bíblicas donde —al menos la mitad— están para una película que empieza en un rato.

Por supuesto que me dirán lo obvio: “Y bueno, flaco, llegá más temprano”.
Sí, y no.

Sí, porque es cierto, llegando más temprano podrías sacar la entrada sin problemas.
Y no, porque, ¿quién llega temprano al cine? ¿Quién tiene tanto tiempo como para darse ese lujo? Yo no, yo soy una persona muuuy ocupada, tengo muchas cosas que hacer.
Pero por otro lado, es un servicio. ¿Estas cadenas de la América del Norte, no se jactan, —acaso— de la perfección y la excelencia, de la limpieza y el buen servicio?
Bueno, entonces, atendeme a esta idea.

La cosa es muy simple: Poner una caja individual para la película que está por empezar.
Cuando falten 10 minutos para que empiece la película, destinar una caja EXCLUSIVAMENTE para sacar la entrada de ese film.

De esta manera ganan todos:
El primer beneficiado es el que llega tarde, claro: Puede rápidamente hacerse de la entrada y hasta incluso con algunos minutos de resto, para adquirir un balde de pochoclos, un tazón con nachos y una coca en palangana.
El cine gana en las entradas (si el comensal fílmico no llega a tiempo termina en Burger King de cabeza) + El plus de esos productos tan nobles de tamaños astronómicos que valen un ojo de la cara. El cine es el que más gana, entonces.
Y por último: Los otros, los de la cola común, que ahora sí pueden esperar tranquilos su turno sin tener que fumarse a infradotados soplándoles la nuca porque no llegan a la película que quieren ver.

Ganamos todos.
Espero ganar yo con esta idea.


27 julio 2014

A los 20 años

A los 20 años escabiaba mucho.
Salía a la noche con amigos y escabiaba. En la semana no, sólo los fines de semana. Cerveza; “Heavy metal”: vino blanco de cartón con Sprite; vino blanco de cartón con un sobrecito de jugo Tang, vino blanco de cartón, a secas.
Siempre tenía un vaso en la mano.
Una vuelta fuimos con mis amigos a una gira loca: después de un recital de la banda de uno, donde escabiamos cerveza, nos fuimos bailar Al Sótano, a las fiestas “Pop City”. Entramos un par de tetras de vino entre la ropa y las mochilas. En esa ocasión eran “Uvita Fiesta”. La impunidad era tal que pedimos vasitos de plástico en la barra, sacamos los vinos, nos servimos y lo dejamos sobre el piso, en el medio de la ronda donde estábamos parados haciendo que bailábamos.
Pero no, no bailábamos, apenas nos movíamos y escabiábamos, mirábamos a las minas y nos reíamos. La noche era nuestra. (?)
Bueno, después de hacer todo lo que “teníamos” que hacer, nos fuimos.
Serían las 5 o las 6 de la mañana. Aún de noche, era invierno.
Yo manejaba el Renault 12 de mi viejo.
En ese momento éramos 3 en el auto.
Todavía, por las calles del centro, y manejando a 30 o 35km por hora, pasaron unas minas. Nosotros sacamos la cabeza por la ventanilla para decirles algo, cualquier cosa, lo que sea. En ese momento pasó: al asomarme por la ventanilla, incliné medianamente el cuerpo apoyando el brazo izquierdo sobre la ventanilla baja y la otra mano que estaba “firme” sobre el volante, se inclinó junto con el cuerpo, moviendo —a su vez— el volante para el lado del cordón.
El auto fue solito, ni muy rápido ni tampoco muy lento, directo a un volquete.
No lo vi ni me percaté que me estaba yendo para un costado.
Me incrusté en el volquete.
Rompí toda la trompa del auto.
A un amigo se le salió volando el cigarrillo aún apagado por la ventana.
El otro se reía.
El del cigarrillo se bajó a buscarlo, era el último.
Discutimos y nos reímos, todo junto.
Yo me quería matar, nunca me había querido matar tanto. Fue la primera y única vez que choqué un auto.

Un portero que estaba baldeando la vereda, vio toda la secuencia y me dijo: “Tuvo la culpa el volquete. No lo pueden dejar tan sobre la esquina, en esta calle toda oscura. Anotate el número de ahí que está en el costado del volquete y llamá”.

Al día siguiente me levanté al mediodía, todo resacoso y lleno de culpa. Me senté en la cama y me quedé un rato así, pensando en el delirio de la noche anterior, en mi viejo, en el auto chocado y el volquete. Sin poder reaccionar prendí la radio y sonaba una canción. La escuché entera. Me quería matar. Me giraba todo y tenía algunos golpes y rayones pero que no eran del choque. Estaba hundido en la mierda. Pero por alguna razón muy rara disfruté ese momento. Ese corto momento. Lo que duró la canción.
De vuelta a la realidad, fui a contarle a mi viejo que había chocado el auto.

Sebastián Culp.

La canción que sonaba era “So Lonely” de The Police:


23 julio 2014

¡Doblete!

Amigos este fin de semana estamos de gira: 

El viernes estaremos con nuestras revistas, libros, fanzine y buena onda en la evento de la gran revista NaN: HASTA QUITARLES LA CIUDAD A LOS LAGARTOS

Habrá stands de revistas, proyección de cortos, muestra de fotos, gente desnuda y buenísimas bandas ao vivo.

Todo lo recaudado por BF será donado para la fabricación de la taaan esperada Bigote Falso #2.

Viernes 25/07, 22H
Moreno 2320, CABA
Entrada $40 pe

Aquí el evento de Facebook:
 https://www.facebook.com/events/338283479654512/?ref_dashboard_filter=upcoming





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¡El sábado vamos todos a la Toronjapalooza!

No pueden perderse el gran evento del año.

Bandas, stands de libros y revistas, proyecciones, videojuegos, exhibiciones de Karate, cosplay, artículos para el hogar, comida y refrescos.

Buscá la "manta" de Bigote Falso y llevate nuestras revistas, fanzine y libros.

Aclaración a parte: si estás buscando un ejemplar de 'Periodismo pop', andá, corré, porque se están recontra agotando.
Aproveche, señora, señor. Después no se queje.

TORONJAPALOOZA
Sábado 26 de julio - 12hs
Espacio Cultural Chacra de los Remedios, Parque Avellaneda - Av. Directorio y Lacarra, CABA.
Se suspende por lluvia.

El evento, aquí: https://www.facebook.com/events/452983378171487/?ref=2&ref_dashboard_filter=upcoming




¡Amor, amor, amor... y chipá para todos!

17 julio 2014

Ni un post impreso, ni un fanzine virtual

¡Hola Hola Hola!

Vos que todavía estás triste por haber perdido la final.
O más aún por este vacío en la boca del escroto que nos dejó el hecho de que no haya más mundial.
Para vos, fiel amigo, llega este Post impreso o este Fanzine de Bigote Falso.

Con todo el amor del mundo hicimos estas mini revistas para matar la tristeza y la ansiedad de la taaan esperada BF #2.

¿Qué contienen?
-El mega archi popular post: “Somos el asiento del colectivo”, para leer una y otra vez.
-Un texto TOTALMENTE INÉDITO: El flagelo de siempre estar yéndose”.

¿Dónde se consiguen?
Todavía en ningún lado, pero cuando nos dignemos van a estar en bares, centros culturales, salas de espera, estaciones de servicio, paradas de colectivo, y en nuestro stand.

Los próximos eventos donde estaremos son:
Viernes 25 – NaN: https://www.facebook.com/events/338283479654512/?ref_dashboard_filter=upcoming
Sábado 26 – Toronjapalooza:https://www.facebook.com/events/452983378171487/?ref_dashboard_filter=upcoming

¿Cuánto salen?
Nada. Son absolutamente gratis. (Pero el que quiera colaborar para la revista #2 puede hacerlo)

Agradecemos infinitamente a quien ordenó, diagramó y diseñó este capricho: Yanina Di Bello / @yaninaeliana

Bigote Falso
Ni un post impreso
Ni un fanzine virtual