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16 febrero 2016

Análisis de una publicidad

La publicidad miente. Eso lo sabemos todos. Es algo que se aprende en la escuela. Como las tablas o el análisis sintáctico. ¿Qué, a vos no te lo enseñaron? Pobres diablos.
Bueno, despertate. Es así. Te lo digo yo.
En esta ocasión vamos a interpretar lo que esta marca le está comunicando a sus potenciales consumidores.
Verdaderas mujeres:
Al parecer, para esta marca, hay campañas que no muestran a mujeres auténticas. Sino estereotipos, mujeres prefabricadas, de plástico o supermodelos inalcanzables.
Pero acá no.
Ellos te dicen que estas mujeres son posta.
Que acá está la papota.
Por el simple hecho de que no son conocidas pasan a ser automáticamente “verdaderas”.
Porque podés ser vos, la pendeja que ves en el chino, tu tía Amalia, la milf del 4to o la novia de tu viejo.

Ajá... ok.

Repasemos fase por fase.

+20
La joven del hoy estudia y sólo estudia
Esta marca dice que a los 20 tenés que estudiar. Tenés que vestirte “mona” para ir a la Uade o a la de Palermo. Bueno, si vas a la Uba, también te aceptamos, porque lo que importa es convertirte en profesional, obvio, pero tratá de que sea en las otras dos casas de estudio. Podés coquetear con chicos, ir a bailar y salir con tus mejores amigas de todo el mundo, pero no pierdas el objetivo. Es-tu-diar.

+30
La treintañera de hoy trabaja
Para esta marca (y para la sociedad de los días que corren) a los 30 hay que dejar todo por un trabajo. Ni la maternidad, ni los amigos, ni la pareja, nada. Vos tenés qué desarrollarte como profesional. Es la que va, lo que importa, para lo que viniste a este mundo.
Trabajá, trabajá, trabajá.
Agencias, oficinas, productoras, lo importante es dejar la vida. Ser proactiva, llevar ensaladas en un tupper y sobre todo comer en el escritorio, mientras le metés al Excel.
Bueno, también podés viajar. Ir a Europa sale mucho, o también Tailandia, Malasia y demás países exóticos de Asia. Tener novio es opcional.

+40
¿Los 40 son los nuevos 30?
Puede ser.
Ahora sí, tu misión en la tierra es ser madre. No importa si no dan los números: tenés que tener un/a pibe/a de unos 8 a 10 años. Robalo de la calle si es necesario.
Pedite licencia interrumpida sin goce de sueldo y dedicate a tu familia. Bueno, está bien, podés trabajar un poco, un par de horas o freelance. Pero poné toda la libido en la familia, la casa con jardín, un labrador y los pibes, y en menor medida en tu marido.
ALERTA DE MENSAJE CONTRADICTORIO: Si tenés un pibe de 8 o 10 años, no dan los números con respecto a la fase anterior. Pero ese es juntamente el hiato y la posterior contradicción del mensaje que trasmite esta marca.

+50
Madura bien
Divorciada. Pero bien, se separaron en re buenos términos, porque sos una mujer madura. Volvés a ser “libre”. Tus hijos ya se las arreglan solos, hacen la suya, estudian, salen a bares, se van de vacaciones con amigos, tienen noviecitos, y si tenés mucha suerte, en una de esas, ya se mandaron a mudar. Ah, y trabajá, obvio, eso es algo que ya no se pierde. Como andar en bicicleta.
Usá vestidos largos y frescos, y comé ensaladas para mantener la línea. Salí mucho con amigas, hagan viajes juntas a Mar de las Pampas. Si te sentís muy sola adoptá un gato. Pero ojo, un gato, a lo sumo dos, porque más de esa cifra corre como colifa.

+60
Neo-jubilada
No está mal un “refresco” de cara y un corte radical de cabellera, encontrate con vos misma. Y con los noviecitos de la adolescencia. Sí, el Facebook es tu mejor aliado. Pero también podés chatear con ese amigo de tu amiga que conociste en el curso de chino mandarín. Los hijos ya están con sus cosas y no te dan ni pelota. Es más, uno de ellos se fue a vivir a Costa Rica o las Islas Canarias. Pero tranqui, podés chatear o hablar por Skype, si ya sos casi una hacker de la computación. Sabemos que estás esperando con los colmillos afilados la llegada de un nieto. Pero no, aguantá que tus hijos están en la fase de +30. Faltan por lo menos 10 añitos.



26 enero 2016

Nosotros deberíamos hacerle la entrevista de admisión a los psicólogos


Creo que somos nosotros los que tendríamos que hacer varias entrevistas con diferentes psicólogos para empezar a hacer cualquier tratamiento psicoanalítico.

Si vas a un instituto de psicología hay una entrevista previa donde un psicoanalista evalúa el “nivel” de tu problema, tu personalidad, y demás cuestiones que ignoramos, para derivarte a tal o cual profesional; para dictaminar qué tipo de terapia te conviene; qué especialista; qué “métodos”, etc. etc.
Está bien, resulta obvio, las entrevistas están justificadas desde el punto de vista que ellos tienen el estudio que las avala. No es un “juzguemos a los otros”, es más bien, tantear qué quilombito tenés en la sabiola para darte el mejor tratamiento para tu cascoteada psique. Ya sé, se entiende, pero igual, algo no me cierra.

¿Por qué yo no puedo hacer lo mismo?
Yo me considero un hombre de bien, con la capacidad para elegir, más o menos, lo mejor para mí. 
Sé, más o menos, elegir un vino, no te digo que la rompo, pero bueno, quedo bien entre amigos y minusas. 
Sé elegir el mejor cepillo de dientes: con cerdas semiduras, mango antideslizante y encima de todo de colores re lindos. 
Sé elegir tecnología: Un televisor, una computadora o cámara. Busco bocha de info: googleo re bien, leo foros, leo las preguntas de yahoo (que siempre tienen la posta), veo videos, tests, tutoriales, leo comentarios, referencias, me hago un experto en “ese” producto… ¿Cómo no voy a poder elegir a mi psicólogo?

No es una boludés lo que te digo. Escuchame, el tipo se va a meter en mi psiquis, va a hurgar en mis obsesiones más íntimas, va a meter el dedo en la llaga y a removerlo como cuchara en olla con polenta, se va a tirar de cabeza en mis más profundos y perversos sueños, mínimo dejame elegirlo.

¿Y si el tipo es un perverso al que le gustan los pantalones babuchas? 
¿Qué, ahora me van a decir que no hay psicólogos perversos? 
¡Vamos! Y si no es babucha, serán bahianos o bombachas de campo.
Dejame de joder el escroto.

¿O si es un miserable?
¿Si cuando alguien le pasa el mate limpia la bombilla con la mano?
¿Qué hacemos con esa rata inmunda?

¿Y si leyó el “Combustible espiritual”? pero pará, ¿y si le gustó?
¿Cómo se vuelve de ahí?
Sí, los psicólogos suelen ser intelectuales, no creo que lean a “Ari”, pero uno nunca sabe…

¿O si es lisa y llanamente un hijo de puta?
¿Si pone reggaeton a todo lo que da un sábado a las 9 de la mañana?
¿O si escucha Pink Floyd, sólo porque conoce “The Wall”?
¿Si usa zapatos náuticos, crocs o riñonera? 
¿O si su actor favorito es Pablo Echarri?
¿Si le parece que “El cosito de la pizza” es un buen tuittero?
¿Si de joven hizo un curso de barman con malabares?
¿Si da sorbos de lo que esté tomando aún con la comida en la boca?
¿Qué hacemos con ese degenerado?
¿O si le dice “Mardel” a Mar del Plata? ¿O peor, “MDQ”?
¿Si cree que Bergman es uno de los mejores directos de cine?
¿Si ama a Antonioni y es más fan de la Nouvelle Vague que del cine clásico americano?
Sabrás bocha de Freud y Lacan, pero de cine déjame a mí.

¿O si usa anteojos de marco negro y se saca selfis? 
¡¿Y si encima le mete el palito?!
¿No lo ves? Hacé el ejercicio de poner la cara de tu psicólogo/a en las escenas que enumeré.
¿Ahora sí?
Parece una de terror ¿no?

Está bien, quizás exagero, pero lo hago para que tomemos consciencia. A ver si te das cuenta la gravedad del asunto: ¡¿Vamos a dejar nuestra sensible psique en manos de un hijo de puta que como si nada despliega un palito del bolsillo, pone el celular y se saca una selfi tomando un frappuccino en Starbucks?!

Estamos locos.
Toda la sociedad está mal. 
Corrida de eje.
Necesitamos ayuda. 
Pero ¿sabés qué?… ese psicólogo te va a hacer peor.


Sebastián Culp
2016.

23 enero 2016

A la hora de la siesta #3 y #4

Por Lucila Yañez
Dibujo: Seelvana


Corría la década del ´80 y la siesta aún se practicaba como si de una religión se tratara. Los adultos yacían inconscientes y los niños gozábamos de esa anarquía vespertina. Mi hermana, cuatro años mayor, desplegaba su espíritu maquiavélico sirviéndose de mi pavota ingenuidad.

#3
Nado sincronizado

En pleno verano, luego de almorzar, mi primer impulso era volver a sumergirme en nuestra pileta, pero ya es sabido que hacerlo de inmediato implica un peligro mortal.
Por este motivo, mi hermana me forzaba a realizar un ritual digestivo que consistía en hacer durante horas lo siguiente: debía unir la punta de mis dedos índices y apoyarlos debajo de mi labio inferior para luego descender muy —y cuando digo muy es muuuy— lentamente hasta la altura del bajo vientre. Al parecer, esa curiosa ceremonia aceleraba la digestión para poder zambullirme en la piscina.


#4
Vitrola envenenada

Otra de sus nefastas ocurrencias supo ser la de ponerme a escuchar los famosos Cuentacuentos infantiles. Ella me decía que acercara uno de mis ojos a milímetros de distancia de la luz azulada y minúscula que marcaba el encendido del tocadiscos. Al parecer, si lograba concentrarme fuerte podría ver todo lo que sucedía entre los personajes de la historia. Al día de hoy, me siento muy afortunada por no haber quedado ciega.



Pero como soy una persona optimista, sé que podría haber sido peor, mucho peor. A una amiga de mi hermana sus hermanos mayores, también durante la siesta de los padres, le hicieron redactar su testamento —con indicaciones precisas sobre el destino de sus juguetes— haciéndole creer que pronto moriría.

Fin

[Material de BF #4]
Compren, compren, compren: 
http://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-595517628-revista-bigote-falso-4-_JM 



20 enero 2016

A la hora de la siesta #2

Por Lucila Yañez

Corría la década del ´80 y la siesta aún se practicaba como si de una religión se tratara. Los adultos yacían inconscientes y los niños gozábamos de esa anarquía vespertina. Mi hermana, cuatro años mayor, desplegaba su espíritu maquiavélico sirviéndose de mi pavota ingenuidad.

#2
Primer amor

Por ese entonces, yo estaba perdidamente enamorada de un galán televisivo. Sí, yo amaba a Marco Estell como nunca antes había amado —igual convengamos que sólo tenía 5 años—. Dolores me dijo que si tomaba el tren hasta Retiro podría encontrarme con Marco. Para semejante ocasión, me hizo vestir con harapos: una pollera larga, un pañuelo en la cabeza y —como si ese vejamen no fuera suficiente— recuerdo que también me dio una escoba con la que me hizo barrer el patio. Tras someterme a sus extraños juegos mentales opté por escaparme con rumbo a la estación. Ella tuvo que seguirme por la calle y persuadirme de la idea que ella misma había sembrado en mi cabeza.

Continúa

[Material de BF #4]
Compren, compren, compren:

18 enero 2016

A la hora de la siesta #1

Por Lucila Yañez

Corría la década del ´80 y la siesta aún se practicaba como si de una religión se tratara. Los adultos yacían inconscientes y los niños gozábamos de esa anarquía vespertina. Mi hermana, cuatro años mayor, desplegaba su espíritu maquiavélico sirviéndose de mi pavota ingenuidad.

#1
Cuestión de identidad
Aún recuerdo mi sorpresa. Ella reforzó su teoría mostrándome fotos carnet de mi supuesta madre biológica que no aportaban ni un ápice de seriedad al asunto.
Amalia, que en realidad era tía de mi madre, tenía 80 años, era bigotuda —prueba de nuestro parecido más contundente que un ADN— y tenía una giba que la hacía avanzar encorvada y con pasos diminutos. Aunque yo la quería muchísimo y éramos compinches, no estaba preparada para que fuera mi madre.
Esa tarde lloré, no estaba triste sólo un poco emocionada.
Compren, compren, compren:


Estábamos en el jardín de casa, Dolores —así se llama el monstruo—, me miró a los ojos fijamente y dijo: “Sos hija de la tía Amalia, pero nosotros decidimos adoptarte”.

Continúa

[Material de BF #4]

17 diciembre 2015

¡¡¡¡¡BIGOTE FALSO #4, YA!!!!!

Ya podés conseguir el NUEVO e increíble #4 de Bigote Falso.

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Aprovechá antes que nos demos cuenta o devaluemos y la pongamos a 200 mangos.

O también escribiendo a bigotefalso@hotmail.com.ar

¿Que, qué trae?
Entrevistas a:
Dalma Maradona
Caro Pardíaco
Un detective privado

Notas y textos de:
Eduardo de la Puente
Hernán Panessi
Podeti
Se me apagó el piloto

Historietas de:
Montt
Pablo Parés
Pepita Sándwich

Y mucho más:
Historietas
Cuentos
Blogs
Entrevistas
Chistes de salón
Humor de internet
Obsesiones
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Música
Libros



28 octubre 2015

Filmando un video para el colegio en 5to año descubrí mi vocación: Tomar cerveza

En 5to año tuvimos que hacer un trabajo práctico sobre la prevención del alcoholismo para “Educación para la salud”.

Yo tenía una cámara JVC, era de mi viejo en realidad, pero la usaba yo para boludear. Filmaba todo: fiestas; cumpleaños; tardes de boludeo; la llevaba al colegio, a jugar a la pelota (y hacíamos entrega de un muy berreta Premio Chamigo), lo qué sea.
Entonces cuando la profesora nos dio la opción “Pueden hacer un video para el trabajo”, no dudamos ni un segundo.

Éramos 4 en el grupo: Ramiro, Pablo, Facco y yo.

El video narraba tres historias paralelas, era una suerte de video coral (?) sobre esta problemática.

-Ramiro interpretaba al alcohólico de clase media alta: 
De traje, tomaba whisky y manejaba un Peugeot 405 de mi viejo a todo lo que da. No manejaba nada, hicimos un plano corto de él sentado y le movíamos el auto desde afuera, mientras hacía que tomaba Criadores del pico.
Un tipo cuasi indigente que tomaba vino de cartón para olvidar a su novia. Esto lo graficamos con un excelente plano detalle de la foto de su novia, que Pablo sostenía en las manos: Guillermina Valdés en una hoja de revista Viva. El set era el patio de mi casa, sucio y ambientado para la ocasión. Otro vagabundo (Pato) dormía en un costado tapado con diarios. (Pato fue a “ayudarnos” con el trabajo y con la cerveza).

-Yo me paraba a vomitar una mezcla perfecta de chicitos, cereales y yogurt.
-Ramiro seguía enfiestado en el auto, tomando y cantando a los gritos. 
-Facco se desmayaba de un ataque repentino de cirrosis. El efecto transpirado estaba muy logrado.

La cámara paneaba y dejaba ver a un Ramiro con medio cuerpo afuera del parabrisas desmayado. Pablo sobre el capot, llevaba la misma suerte. Y la bicicleta incrustada adentro del auto. El estado desmejorado del Taunus nos ayudó bastante en los efectos.
La musicalización: La pieza que acompañaba el video institucional salía de un grabador de periodista con un parlantito diminuto, que sostenía Pato al lado de la cámara (cuando no hacía de linyera). 
El tema elegido para El Video sobre la Prevención del Alcoholismo era “Canción de amor” de 2 minutos: 


-Pablo interpretaba al paria, el borracho clase baja: 
-Facco y yo, interpretábamos los borrachos sociales: Entre amigos “hacíamos” que tomábamos cerveza.

El video presentaba ese cuadro de situación. Hasta que todo explotaba.

-Pablo, desesperado por el abandono de Guillermina Valdés (?), revoleaba el tetra, se ponía de pie, por qué sí, le pegaba una patada en el orto al vagabundo Pato, que apenas se movía. Agarraba una playera y salía enfurecido a la calle. 

El desenlace era uno solo. El obvio.

Pablo se le aparecía de la nada a Ramiro, que no podía esquivarlo y lo levantaba en el aire con bicicleta y todo.

CORTE A:

Cerca de mi casa había un Taunus azul abandonado y hecho bolsa. El auto que manejaba Ramiro hasta segundos atrás era un 405 plateado. Por favor no se detengan en detalles, lo que importaba era lo que se estaba contando.

El impacto quedó fuera de campo.

El plano mostraba a los dos cuerpos sin vida como yacían entre fierros y mugre, la rueda de la playera apenas giraba, y kétchup, mucho kétchup por todos lados.
La técnica: Todo el video fue filmado según el orden de la historia porque se editaba en cámara.


La profesora que se habrá dejado llevar por la magnificencia de nuestras imágenes, y de aquella impactante narración, no entendió la elección del tema musical como una apología o una muy sutil ironía, por el contrario, nos puso un aplaudido 10.
De más está decir que esta gema del audiovisual se perdió irremediablemente. 
Seguramente habremos grabado encima alguna mañana inolvidable en la clase de Claudio Ríos, el de Historia.

Sebastián Culp
2015



21 octubre 2015

Bolsillos Hacia Afuera

Colección Primavera 2015
Bolsillos Hacia Afuera
Hace mucho, cuando los blogs estaban de moda, hicimos este post:http://www.bigotefalso.com.ar/2013/02/otono-2014.html

Hoy es una realidad.
Porque El futuro es hoy. No es una forma de decir, es verdad. Hoy, 21 de Octubre, el Doc y Marty llegaban al futuro en "Volver al futuro II". Pero eso lo saben todos.

Como no logramos que los autos vuelen
Ni que la "súper tabla", flote (Hay mucho video fake)
Las Nike automáticas parecía que se concretaban pero es una falsificación de edición limitada con luces y nada más.
Lo mismo con la “Pepsi Perfect”. Onda, es Pepsi es una botella rara, nada más.
Tampoco logramos la pizza hidratada.
Mucho menos que los perros se paseen solos por medio de un control remoto volador.

Entonces desde este humilde portal para el entretenimiento y la reflexión mundana lanzamos la campaña: Bolsillos Hacia Afuera.

Simple
Cómodo (?)
Vanguardista
Pintoresco
Magnificente







Ya sabe: Primavera 2015
Moda Bolsillos Hacia Afuera
Una iniciativa de Bigote Falso.

17 octubre 2015

El buscador

No soy conformista.
Más bien todo lo contrario. No sé qué vendría a ser.
Cuando quiero algo, lo busco.
Lo busco por todos lados.
Entro a un local y no veo lo que tiene para ofrecer. 
Voy como un robot escaneando con los ojos cada producto buscando lo mío.
Como el T-800 en Terminator, buscaba a su víctima.
Entonces cuando encuentro lo que busco.
Cuando realmente encuentro lo que estaba buscando, aquello que deseaba con todo mi escroto, siento a esa cosa como si hubiera sido esculpida por los dioses del Olimpo.
Por más que esa cosa sea una mundana gorra visera verde.

Sebastián Culp
2015

12 octubre 2015

Blue jeans

Me miro las manos.
Noto algo raro.
Las tengo azules.
Me las miro bien.
Las tengo azules tirando a morado.
Onda descomposición. Onda grado de hipotermia o algo así. Pero hace frío, podría ser eso. Se las muestro a Lucila, que salta de la silla al grito de: 

—¡¡¡Es esclerodermia!!!
—...
—La enfermedad de Iván de Pineda. A ver, mostrame, dejame ver.
—Nahh, pará.

Pienso qué estuve tocando últimamente. No se me ocurre nada. No puede ser esclero-eso... como se diga.No pasa nada. Pero las tengo realmente muy azul-morado. ¿Qué onda? Me inquieto. Sigo pensando.
Lucila al borde del colapso dice: Ahhh, no, es el jean nuevo. A veces pasa eso con los jeans nuevos. Y más con los azules oscuros. 
Me lavo las manos. 
Veo como la tinta se escurre por el lavatorio, a la vez que mis testículos vuelven al sitio donde pertenecen: la entrepierna.


Sebastián Culp.
2015

08 octubre 2015

¡Último Momento!

El flagelo de las drogas | Palomas merqueras 
Esto explicaría porque nos embisten en la calle o mueren tantas arrolladas por los autos


03 octubre 2015

Automc

Una vez fui al automc sin auto. Caminé haciendo el ruido de un rastrojero y cuando me acerqué al parlante para hacer el pedido bajé la ventanilla manualmente, me acodé en la puerta y realicé con absoluta normalidad mi pedido. La mina de turno me dijo que no sea boludo.
Ok, me fui sin comer, pero no saben con qué calidad representé el sonido de combustión de aquel motor, ni con qué lujo bajé la ventanilla imaginaria. Una especie de síntesis perfecta entre Marcel Marceau y Mc Phantom.
Una pinturita.
Pero, bueno, no todos tienen la sensibilidad para apreciar el más fino arte de la interpretación.

Sebastián Culp
2015

21 septiembre 2015

¡La BF #3 se agota!

Amigos, no cuelguen, sabemos que en la internet todo pasa muy rápido, pero quedan pocos, poquísimos ejemplares de la BF #3, posta.

Los estimamos. 
BF.




12 septiembre 2015

Los cinco tés

Hace unos años, cuando todavía era camarógrafo freelance, trabajaba filmando casas y departamentos para una inmobiliaria.
Un domingo cualquiera fui a una tipo ph.
Era un día radiante.
En horario de guardia, ponele las 16:25hs.
Era una casa grande, linda, rara, con recovecos y una escalera caracol con un ventanal zarpado que te llevaba —a través de un patio— hacia la planta alta. 
Llegué, planté la cámara y apreté REC.
No había visto al dueño, la guardista me había abierto la puerta y merodeaba por ahí.
Cuando de golpe alguien irrumpió en la sala (cocina y sala integrada) y en mi cámara.
Corté.
Saludé cordialmente pese a que me había cagado la toma. Igual está bien, era su casa.
Me saludó con un "hola" casi susurrado y fue para la parte de la cocina.
Me hice a un lado para seguir con mi menester fílmico.
Reacomodé el trípode, corregí el plano, y puse REC nuevamente. Pero la verdad verdadera es que no podía dejar de mirar de reojo.
Era la mismísima encarnación de Michael Jackson.
Misma corte de cara, misma nariz, mismo cuerpo menudo, mismo pelo, mismo timbre siniestro de voz.
Todo junto ahí, al lado mío, en la cocina.
¿Qué onda?
“Michael” llevó la pava al fuego, agarró 5 tazas y puso 5 saquitos de té en cada una de las tazas.
El agua hirvió.
Yo mientras seguía haciendo que filmaba. No, bueno, filmaba de verdad, pero sin despegar los ojos de esa escena surrealista.
Sirvió agua caliente en las cinco tazas.
Se fue.
Los 5 tés quedaron ahí, en la mesada.
Yo seguí con la filmación.
Empecé a sospechar algo.
Recorrí baños, patio, lavadero, hasta que subí por la escalerita caracol.
La pieza de Michael era un santuario de Michael. Posters, fotos, bandera, banderolas, todo el cuarto estaba empapelado con la escalofriante figura del astro del pop. El verdadero.
Ahí confirmé mi sospecha.
El joven Michael era Felipe Pettinato
Posta.
En el momento que filmaba en exclusiva el cuarto de Felipe Pettinato él no estaba, pero tenía la computadora prendida y alguien le estaba hablando por el chat. No pude ver qué le decían, que se creen que soy un mirón malicioso.
Salí del cuarto y él que esperaba afuera, entró y se sentó en la computadora.
Cuando me iba escuché como retomaba su conversación a tecleo veloz.
Bajé para irme, y ya saliendo de la casa pude ver como los 5 tés, intactos, se enfriaban sobre la mesada.
Mi trabajo me exigía recorrer toda la casa, no es que sea un fisgón morbosón, y en ese paneo semi-detallista, muuuy al pasar, no vi a nadie más en la casa.
Felipe Pettinato estaba solo. Bueno, él y la guardista.
Saber por qué hizo 5 tés es un misterio que prefiero se siga manteniendo así.

Sebastián Culp
2015

29 agosto 2015

¿Qué es Pipirno?

Estaba en la computadora.
A eso de las 8 de la noche.
Escuché un ruido en el toldo que da bajo mi ventana. Me asomé y no vi nada. Mi pupila es muy lenta para pasar de luz tungsteno a oscuridad, noche cerrada y misteriosa. Aguanté unos segundos para que el iris se abriera y ver si había algo para preocuparse caminando hacía mí o no.
No vi nada. Un poco por la oscuridad, otro poco porque no había nada.
Mientras volvía a la computadora pegó un salto al marco de la ventana un gato.
Un gato rubión, medio guachín, inquieto.
Me sobresalté, pero fui hacia él por acto reflejo. No paraba de moverse, nunca vi un gato tan entregado a un ser humano que apenas conoce. Saltó para adentro y se movía atolondradamente; miraba todo, olía todo, tocaba todo: Eso de la curiosidad mató al gato, bueno, pero multiplicalo por mil. No lo mató porque no había nada peligroso y yo soy un pan de Dios.
Después encendió el motor y me cabeceaba la mano para que lo acariciara. Y cuando se cansó, probó todos los recovecos posibles para depositar el cuerpo y, finalmente, lo hizo sobre mis piernas —con el motor de 4 tiempos al mango— mientras yo intentaba seguir con mis quehaceres de redacción. Una muy tierna imagen, lo sé.
Llegó de sopetón, se metió en mi casa y enseguida éramos mejores amigos.
Le compré comida, le puse nombre y le di un lugar para dormir.
Nos entendíamos bien, o bueno, él hacía lo que quería (como todo gato) y yo seguía con mi vida (como todo humano con un gato).
Pero también cuando le pintaba se mandaba a mudar. Y le pintaba bastante seguido.
McLovin se iba por jornadas de 12 horas o más. A veces de día, a veces toda la noche. Y en esos lapsos ni se lo veía merodear por los techos, ni siquiera se lo escuchaba corretear gatas ni canarios ni mosquitas de la fruta.
Las preguntas obvias de todo humano que no puede saltar un cordón alto, salvo los que hacen parkour, son: ¿Adónde irá?, ¿Qué hará?, ¿No le da miedo aquella cornisa?, ¿Comerá?, ¿Le dará masa a alguna gata?, ¿Se agarrará a las garras?, ¿Tendrá otra casa? Pará, pará, pará: ¿vos me estás diciendo que tiene otro dueño? ¿Que le da el mismo amor que me da a mí a otra persona? ¿Que duerme en otra cama y come de otra charola? Y lo más escalofriante… ¡¿Que tiene OTRO NOMBRE?!
Bueno, ahí empecé a pensar en eso. Podía ser una posibilidad, ¿por qué no?
¿Y si tenía otra casa?
¿Si tenía otro amo?
¿Otro humano que ocupara el lugar de macho alfa dominante?
Dudo mucho que alguien pudiera ocupar MI lugar, pero bueno.
¿Y si en la otra casa se llamaba “Azrael”, “Snarf”, “Tom”, “Siete” o “Juan Carlos”?
Podía ser.
Entonces, una idea.
Le compré un collar multicolor bien gay-friendly y le enganché no una chapita con el número de teléfono, sino un papelito Post-it con una nota que decía más o menos algo así: “Hola”.
Primero intentó sacárselo, pero después medio que se olvidó y quedó. Llegó su pernocte diario. Es decir, nocturno. Fue como tirar una botella al mar, pero bueno con un gato y en la ciudad.
Me levanté a la mañana, me hice mate y me puse a mirar hacia afuera. En eso, McLovin saltó al marco de la ventana y, como estaba cerrada, quedó ahí colgando del lado de afuera y con mirada de: “Uy, ¿qué carajo pasó?”.
Le abrí y noté que no traía consigo el papelito del collar.
Habían pasado como 9 horas. Mi plan había fallado. Seguramente se le calló en alguna riña con otro “e, gato”, quizás por marcar territorio, quizás por una señorita gata.
Me fui a trabajar. McLovin quedó afuera. A veces estaba realmente incontenible. Una bestia salvaje.
A la vuelta, a eso de las 19 h, mientras degustaba un fino tentempié de pan, aceite de oliva y queso fresco sin sal, escuché unos ruidos terribles en el toldo. Parecía que se venía abajo. Fui a la ventana y otra vez mi estúpida capacidad visual para pasar de luz a oscuridad no me dejó ver nada. De un salto se me vino encima mi gato asustado y todo roñoso. Noté que otro más feroz salió disparado toldo adentro. Miré a McLovin tan rápido como pude para corroborar que todavía tuviera los dos ojos en su lugar y ningún garrazo en la panza.
¡Tenía un papelito Post-it enganchado del collar!
¿Cómo era posible si antes había vuelto sin nada?
Se lo saqué de un tirón, lo planché con la mano y leí: Pipirno.
¡¿Qué?!
Levanté la cabeza como si alguien me estuviera mirando, espiando.
¿Qué? ¿Qué es esto?
¿Pipirno?
¿Quién escribió esto? ¿Por qué?
¿Me estaba respondiendo a mi “Hola”?
¿Qué significaba?
Ahí, como se imaginarán, empecé a mandar mensajes todos los días.
Uno por día.
Todos distintos.
¿Qué es Pipirno?
¿Quién sos?
¿Cómo te llamás?
¿Es tu gato?
¿Qué es Pipirno?
¿Dónde vivís?
¿Cómo se llama el gato?
¿De qué signo sos?
Se llama Tom ¿no?... Seguro se llama Tom.
¿Te gusta el arte?
¿Qué es Pipirno?
¿Qué le das de comer?
¿De dónde venimos?
¿Está vacunado?”
¿Qué catzo es Pipirno?
Dale, respondeme
Dale, no seas malo
¿Dónde está Wally?
¿Venís siempre a bailar acá?
¿Ventanilla o pasillo?
¿Bombón suizo o bombón escocés?
¿Qué es Pipirno?
¿Qué es Pipirno?
¿Qué es Pipirno?
¿Qué es Pipirno?
¿¡QUÉ ES PIPIRNO, CHABÓN!?
Pero siempre el mismo mensaje volvía en un Post-it arrugado: “Pipirno”, sólo “Pipirno”.
Me estaban tomando el pelo.
Me estaban manoseando las nalgas.
Se mofaban de mi ingeniosa idea.
Pensé en escribir un cuento con esto mismo, pero no, sería muy inverosímil.
Pensé en escribir una comedia romántica: Chico conoce chica a través de un gato mensajero. Un gato entra en la casa de él. Lo adopta pero el gato se va por días enteros. Él cree que tiene otra casa, que juega a dos puntas. Decide escribir el mensaje en un Post-it: “Hola, ¿este gato va a otra casa?”. El gato, efectivamente, tiene otra casa. Ella recibe el mensaje y responde: “Hola, con otra casa te referís a la tuya, ¿no? ¡Je!” Ahí el tipo, interpretó que por el “Je” se trataba de una chica. Y siguió la charla. Comenzando así una relación romántica basada en mensajes escritos en papelitos Post-it.
Pero no, me llevaría demasiado tiempo escribirla. Y entre la revista, el laburo, el curso de Inicio a la Manufactura del Papel Picado y el libro que estoy haciendo con un amigo, no tengo tiempo ni para desgraciarme en paz.
Aparte muy linda imagen la de un gato que una a dos personas, pero el mundo tecnológico de la actualidad del hoy haría que enseguida se pasen los celulares y siguieran la charla por Whatsapp. Y lo del gato quedaría a un segundo plano.
Todo muy lindo, pero mi caso era más inquietante porque era real y me estaba pasando a mí.
Hubo días en los que no escribí nada. McLovin se iba y volvía de igual modo. Sin mensaje. Así me mantuve por un par de semanas. Dejé que todo se enfriara, pero me mantenía alerta, miraba con desconfianza el todo.
Caminaba por el barrio, recorría la manzana en busca de algo. Alguna pista que me diera con el bromista, con el capo cómico que se estaba riendo de mí. Miraba a la gente a los ojos, les intentaba hacer saltar la ficha poniéndolos incómodos. En el kiosco sacaba charla, todas de gatos y de animales varios, domésticos y exóticos, como para despistar. Pero nada.
Pensé en poner carteles de: “Se busca dueño” y la foto de McLovin. O ser un poco más específico: “Se busca gracioso que gusta de dejar mensajes en el collar de MI gato”. Pero me tomarían por loco. Y no hay nada que odie más en la vida que me juzguen en silencio. Odio esos que te miran con ojos atentos y no te dicen nada. Bajan la mirada y siguen su paso. “Decimelo en la cara, cagón”.
Los días siguientes me olvidé del asunto. No hay nada más relajante que olvidarse de algunas cosas. Mucho trabajo, muchas juntadas por la revista, por el libro; convocar dibujantes; bloggeros; redactores; parapentistas; entrevistar; juntadas; panchos con lluvia de papas, diseño y correcciones me mantuvieron a salvo.
Hasta que una idea me relampagueó en la cabeza.
Llegué del trabajo y lo recibí como de costumbre. Le di de comer como si nada. Le cambié el agua: no toma agua si estuvo mucho tiempo en su plato ni aunque lo maten, la quiere nueva, fresca, si es directamente de la canilla mejor.
Hacía todo de gamulina, para que nadie sospechara nada, con una sigilosidad felina. Comí mirando la tele sin mirarla. Estaba esperando el momento. Atento, mirando cada movimiento. McLovin primero se bañó un poco, dio unas vueltas y después se acostó en el sillón y durmió un rato. Hasta que se despertó y saltó al marco de la ventana pretendiendo libertad.
“Ahí está”, me dije a mí mismo y para mis adentros míos.
Haciéndome el boludo (me sale re fácil) agarré un Post-it y escribí como quien escribe la lista del supermercado: “Pipirno”. Sólo “Pipirno”.
¿Cómo no se me había ocurrido antes?
Pipirno obtenía una y otra vez.
Pipirno les iba a dar.
Esa noche creo que no dormí. Me acosté, cerré los ojos y al abrirlos eran las 7 a. m. Me toqué la cara y tenía baba. También estaba húmeda la almohada. ¿Qué onda?, si casi no dormí. Buah.
Me levanté y no fui directo a la ventana. Quería saborear la victoria. Hice pis, me lavé la cara, prendí la computadora y me fui a hacer mate. Puse la yerba muy lentamente. Le agregué hojitas de cedrón y esperé que el agua hirviera, sin apurarla.
Comencé a cebarme. Caminé muy, pero muy lentamente hacia la ventana. McLovin y yo teníamos una conexión especial, cuando escuchaba movimientos en la casa y sentía mi presencia en las cercanías de la ventana se hacía presente.
Un paso, dos, el cuadro que me proyectaba la ventana aumentaba. Tres, cuatro, la imagen ya casi tomaba toda mi visión. Cinc… McLovin se adhirió al vidrio como salamandra húmeda.
Le abrí, saltó en busca de comida y quizás de un toque de mimos. Ah, no, no, primero comida. Está bien.
Vi que tenía un papelito en el collar. Me movía rápido atrás de él, como Rocky intentando atrapar la gallina de “Rocky I”.
Le puse comida en el plato y mientras se desesperaba por su desayuno continental le arranqué el Post-it del collar.
Leí con estupor:
“¿Qué garcha es Pipirno?”

Sebastián Culp
2015