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30 julio 2014

Ideas para salvar al mundo #1:

Sistema para sacar entradas de cine

Si nos organizamos ganamos todos

Si los proveedores de entretenimiento fílmico de las grandes cadenas tuvieran 2 dedos de frente deberían tomar nota de esta ideita:

Hay un problema que se repite una y otra vez al ir al cine en las grandes cadenas.
Hay una sola cola para sacar la entrada de TODAS las películas. No importa si una empieza dentro de 25 minutos, en una hora o YA mismo, en este preciso instante, AHORA, YAYAYA.
El que viene cortando semáforos, al trote, con los pibes flameando de la mano, todo sudado y exhausto, se desayuna con una cola de proporciones bíblicas donde —al menos la mitad— están para una película que empieza en un rato.

Por supuesto que me dirán lo obvio: “Y bueno, flaco, llegá más temprano”.
Sí, y no.

Sí, porque es cierto, llegando más temprano podrías sacar la entrada sin problemas.
Y no, porque, ¿quién llega temprano al cine? ¿Quién tiene tanto tiempo como para darse ese lujo? Yo no, yo soy una persona muuuy ocupada, tengo muchas cosas que hacer.
Pero por otro lado, es un servicio. ¿Estas cadenas de la América del Norte, no se jactan, —acaso— de la perfección y la excelencia, de la limpieza y el buen servicio?
Bueno, entonces, atendeme a esta idea.

La cosa es muy simple: Poner una caja individual para la película que está por empezar.
Cuando falten 10 minutos para que empiece la película, destinar una caja EXCLUSIVAMENTE para sacar la entrada de ese film.

De esta manera ganan todos:
El primer beneficiado es el que llega tarde, claro: Puede rápidamente hacerse de la entrada y hasta incluso con algunos minutos de resto, para adquirir un balde de pochoclos, un tazón con nachos y una coca en palangana.
El cine gana en las entradas (si el comensal fílmico no llega a tiempo termina en Burger King de cabeza) + El plus de esos productos tan nobles de tamaños astronómicos que valen un ojo de la cara. El cine es el que más gana, entonces.
Y por último: Los otros, los de la cola común, que ahora sí pueden esperar tranquilos su turno sin tener que fumarse a infradotados soplándoles la nuca porque no llegan a la película que quieren ver.

Ganamos todos.
Espero ganar yo con esta idea.


27 julio 2014

A los 20 años

A los 20 años escabiaba mucho.
Salía a la noche con amigos y escabiaba. En la semana no, sólo los fines de semana. Cerveza; “Heavy metal”: vino blanco de cartón con Sprite; vino blanco de cartón con un sobrecito de jugo Tang, vino blanco de cartón, a secas.
Siempre tenía un vaso en la mano.
Una vuelta fuimos con mis amigos a una gira loca: después de un recital de la banda de uno, donde escabiamos cerveza, nos fuimos bailar Al Sótano, a las fiestas “Pop City”. Entramos un par de tetras de vino entre la ropa y las mochilas. En esa ocasión eran “Uvita Fiesta”. La impunidad era tal que pedimos vasitos de plástico en la barra, sacamos los vinos, nos servimos y lo dejamos sobre el piso, en el medio de la ronda donde estábamos parados haciendo que bailábamos.
Pero no, no bailábamos, apenas nos movíamos y escabiábamos, mirábamos a las minas y nos reíamos. La noche era nuestra. (?)
Bueno, después de hacer todo lo que “teníamos” que hacer, nos fuimos.
Serían las 5 o las 6 de la mañana. Aún de noche, era invierno.
Yo manejaba el Renault 12 de mi viejo.
En ese momento éramos 3 en el auto.
Todavía, por las calles del centro, y manejando a 30 o 35km por hora, pasaron unas minas. Nosotros sacamos la cabeza por la ventanilla para decirles algo, cualquier cosa, lo que sea. En ese momento pasó: al asomarme por la ventanilla, incliné medianamente el cuerpo apoyando el brazo izquierdo sobre la ventanilla baja y la otra mano que estaba “firme” sobre el volante, se inclinó junto con el cuerpo, moviendo —a su vez— el volante para el lado del cordón.
El auto fue solito, ni muy rápido ni tampoco muy lento, directo a un volquete.
No lo vi ni me percaté que me estaba yendo para un costado.
Me incrusté en el volquete.
Rompí toda la trompa del auto.
A un amigo se le salió volando el cigarrillo aún apagado por la ventana.
El otro se reía.
El del cigarrillo se bajó a buscarlo, era el último.
Discutimos y nos reímos, todo junto.
Yo me quería matar, nunca me había querido matar tanto. Fue la primera y única vez que choqué un auto.

Un portero que estaba baldeando la vereda, vio toda la secuencia y me dijo: “Tuvo la culpa el volquete. No lo pueden dejar tan sobre la esquina, en esta calle toda oscura. Anotate el número de ahí que está en el costado del volquete y llamá”.

Al día siguiente me levanté al mediodía, todo resacoso y lleno de culpa. Me senté en la cama y me quedé un rato así, pensando en el delirio de la noche anterior, en mi viejo, en el auto chocado y el volquete. Sin poder reaccionar prendí la radio y sonaba una canción. La escuché entera. Me quería matar. Me giraba todo y tenía algunos golpes y rayones pero que no eran del choque. Estaba hundido en la mierda. Pero por alguna razón muy rara disfruté ese momento. Ese corto momento. Lo que duró la canción.
De vuelta a la realidad, fui a contarle a mi viejo que había chocado el auto.

Sebastián Culp.

La canción que sonaba era “So Lonely” de The Police:


23 julio 2014

¡Doblete!

Amigos este fin de semana estamos de gira: 

El viernes estaremos con nuestras revistas, libros, fanzine y buena onda en la evento de la gran revista NaN: HASTA QUITARLES LA CIUDAD A LOS LAGARTOS

Habrá stands de revistas, proyección de cortos, muestra de fotos, gente desnuda y buenísimas bandas ao vivo.

Todo lo recaudado por BF será donado para la fabricación de la taaan esperada Bigote Falso #2.

Viernes 25/07, 22H
Moreno 2320, CABA
Entrada $40 pe

Aquí el evento de Facebook:
 https://www.facebook.com/events/338283479654512/?ref_dashboard_filter=upcoming





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¡El sábado vamos todos a la Toronjapalooza!

No pueden perderse el gran evento del año.

Bandas, stands de libros y revistas, proyecciones, videojuegos, exhibiciones de Karate, cosplay, artículos para el hogar, comida y refrescos.

Buscá la "manta" de Bigote Falso y llevate nuestras revistas, fanzine y libros.

Aclaración a parte: si estás buscando un ejemplar de 'Periodismo pop', andá, corré, porque se están recontra agotando.
Aproveche, señora, señor. Después no se queje.

TORONJAPALOOZA
Sábado 26 de julio - 12hs
Espacio Cultural Chacra de los Remedios, Parque Avellaneda - Av. Directorio y Lacarra, CABA.
Se suspende por lluvia.

El evento, aquí: https://www.facebook.com/events/452983378171487/?ref=2&ref_dashboard_filter=upcoming




¡Amor, amor, amor... y chipá para todos!

17 julio 2014

Ni un post impreso, ni un fanzine virtual

¡Hola Hola Hola!

Vos que todavía estás triste por haber perdido la final.
O más aún por este vacío en la boca del escroto que nos dejó el hecho de que no haya más mundial.
Para vos, fiel amigo, llega este Post impreso o este Fanzine de Bigote Falso.

Con todo el amor del mundo hicimos estas mini revistas para matar la tristeza y la ansiedad de la taaan esperada BF #2.

¿Qué contienen?
-El mega archi popular post: “Somos el asiento del colectivo”, para leer una y otra vez.
-Un texto TOTALMENTE INÉDITO: El flagelo de siempre estar yéndose”.

¿Dónde se consiguen?
Todavía en ningún lado, pero cuando nos dignemos van a estar en bares, centros culturales, salas de espera, estaciones de servicio, paradas de colectivo, y en nuestro stand.

Los próximos eventos donde estaremos son:
Viernes 25 – NaN: https://www.facebook.com/events/338283479654512/?ref_dashboard_filter=upcoming
Sábado 26 – Toronjapalooza:https://www.facebook.com/events/452983378171487/?ref_dashboard_filter=upcoming

¿Cuánto salen?
Nada. Son absolutamente gratis. (Pero el que quiera colaborar para la revista #2 puede hacerlo)

Agradecemos infinitamente a quien ordenó, diagramó y diseñó este capricho: Yanina Di Bello / @yaninaeliana

Bigote Falso
Ni un post impreso
Ni un fanzine virtual










16 julio 2014

Último sentimiento que comparto sobre el Mundial:

Quería ganarle a Alemania.
Pero más quería ganarle a Neuer. 

Quería que Messi se la clave en un ángulo. Que Mascherano saque un zapatazo de afuera del área y le rompa el arco en dos. Y/o que Rojo haga uno de rabona, de rodilla o de pera. 
Quería verlo llorar.
Quería verlo arrastrarse. 

Pero no se pudo. 
Ganó Alemania. Y Neuer fue el mejor arquero del mundial.
Así los hechos. 

Me quedo con muchas cosas buenísimas de Argentina.
Pero también me quedo con que, al menos por un rato -más bien largo- (113 minutos), le pudimos borrar la sonrisita de soberbio al forro hijo de puta de Neuer.

Yo había pensado que podíamos ser el Rocky de ‘Rocky IV’ pero al final quizá seamos el Rocky de ‘Rocky I’.

Estuvimos cerca, muy cerca de vencer a Apollo Creed.

Si es así ¡que venga la II ya!

Sebastián Culp



14 julio 2014

-Sin título-

Pensé que al despertarme iba a estar un poco mejor, pero no. Es peor. 
Es como si me hubiera dejado una novia. (Hablo en genérico para no ubicarlo en una persona). 
Es como si ayer una novia me hubiera dicho que no está más enamorada de mí, que se va. La noche es terrible, durísima, pero después, con mucha suerte, lográs dormir un poco. Pensás que las horas de sueño te van a hacer bien. Pero al otro día te despertás y más "fresquito" te das cuenta que todo lo "malo" sigue ahí, de pie, firme. Que no fue una pesadilla, te das cuenta que todo es real. Que tu novia te dejó, que Argentina no ganó.

No soy exitista, fue el mejor mundial que viví hasta ahora.
Pero, ¿qué mejor que coronar el mejor mundial de la historia que con la copa?

Yo quería la copa.
Mi sueño en la vida era ver a Messi agarrando la copa. A Messi y a Mascherano.

Pero entre todo eso está 'El Maracaná de Agronomía' y los videos de Marini.
Fue la mejor manera de vivir el mundial.

¡Gracias a todos!
¡Los quiero mucho!


Acá uno de los videos. 
Marini dice que nunca jamás va a editar el último.  

11 julio 2014

Se me ocurrió una idea para un cuento

Se me ocurrió una idea para un cuento
Se me ocurrió la analogía de que Argentina podría ser el Rocky de ‘Rocky IV’.

Quizá sea medio tirado de los pelos, pero hablando con El Tanno y Marini, se nos ocurrió esa remota idea.
Argentina llega con lo justo. 
Ganando por la mínima dos partidos.
Yendo a penales en el último.

Se me ocurrió que Alemania podría ser el Iván Drago (que era ruso, pero no importa)
Alemania es el preferido. Es una maquinita. Pun, pam, pum, 7 a 1 a Brasil en su casa, 4 goles en 22 segundos y medio; Nouer, que con mis amigos estamos seguros que tras esa carita de piedra hay un Bot, un T. 1000, un Cortocircuito pichicateado.
Alemania es el poderoso. Alemania es un engranaje perfecto. No duda, no falla, casi no le hacen goles. En el gol de Brasil, el arquero cagó a pedos por 17 minutos a su defensor por el 1 de Brasil (ibas 7, papu).

Argentina es el débil. El que llega sufriendo. El que cada partido fue como ir de cuerpo habiendo comido una horma de queso parmesano. Argentina llora a gritos cada triunfo. (Sería necio pensar que los Alemanes no lloran, desde luego, claro, obvio, desde ya: Los alemanes también lloran. Seguro, obvio, desde luego, desde aquí podríamos casi casi asegurarlo. No, no, es broma, lo re re aseguramos).

Argentina tiene al mejor del mundo, es verdad. Pero también Rocky en la IV era el mejor del mundo. Literalmente, si mal no recuerdo tenía el título, le había ganado a Mr. T en la III.

Alemania mató a goles a Brasil.
Iván Drago mató a golpes a Apollo Creed.

Acá hay otra diferencia, es cierto, Rocky y Apollo eran amigos, como me recordó mi buen amigo, El Cicho.
Argentina y Brasil, al menos futbolísticamente, no son amigos.
Pero Rocky aprendió con el tiempo a hacerse amigo de Apollo. 
Antes eran rivales.
En 2 películas y media se odiaban (Bah, Apollo lo odiaba. Rocky no puede odiar a nadie). En 2 películas y media y como en 10 años de la vida de Rocky fueron antagonistas, archinémesis, el clásico. El River-Boca, el Ford- Chevrolet, el Argentina-Brasil (¡Oh!).

Alemania es favorito. Y encima tiene un día más de descanso. No jugó alargue, no fue a penales. Destrozó a su último rival. Demostró ser una verdadera pinturita del juego asociado, de la técnica, la estrategia y la mar en coche. Argentina va de punto. Argentina está cansada. Con algunos jugadores lesionados, con Mascherano todo golpeado. Con un día menos de recuperación. Con la emoción aún clavada en el pecho.

Pero bueno.
Se me ocurrió una idea para un cuento.
Se me ocurrió la remota analogía de que Argentina podría ser el Rocky de ‘Rocky IV’.

Pero mejor no, mejor no escribo nada.

Sebastián Culp

07 julio 2014

Google Time-Machine

Para el mundial que viene, Google ya estaría desarrollando una tecnología para disfrutar al “máximo”, como “nunca antes” cada partido. No haciéndose cargo del problemita del delay que generan las conexiones HD, los “científicos” del emporio, aseguran, que con estos dispositivos se podrá ver los goles antes que nadie, incluso antes de que el jugador se perfile decidido para patear al arco.

CÓMO FUNCIONA: El usuario se coloca en la nariz una cómoda pipeta que conectada a la “nube” absorbe toda la información de todos los partidos de la historia de la humanidad. A su vez, conectada a las pipetas que cada uno de los 22 jugadores de ese partido, tienen en sus respectivas cavidades nasales. Compartiendo así, todo su mapa nervioso. El ultra procesador de la pipeta analiza esa información y realiza billones de ecuaciones en cuestión de Nanosegundos.

CÓMO SE VE: La pipeta proyectará una imagen en el interior de la persona alojándola directamente en la retina. Las pantallas exteriores, sentencian, son para los babosos.

NOMBRE TENTATIVO DEL DISPOSITIVO: Google Time-Machine

PROBLEMA A RESOLVER: Mucosidad, alergias y paradojas espacio-temporal, una pavada.

ESTADO DEL PROYECTO: Beta


Ampliaremos


02 julio 2014

Italia 90 fue Mi mundial

Del mundial 86 me acuerdo muy poco.
Tenía 6 años.
Tengo un par de imágenes:
La sombra de una palmera sobre la cancha en Inglaterra-Argentina.
Maradona tirando la banderita del córner. Y poniéndola a “su” manera.
De la final no me acuerdo.
Después, sí, cuando ganamos me acuerdo que fuimos a festejar en el Peugeot 504 de mi viejo. Fuimos hasta el centro. Pasamos por el obelisco, pero no bajamos.
Yo tenía una remera de la selección, tipo de toalla, con el 10 en la espalda, obvio.
Después no mucho más.
Todo muy difuso.
El 90 en cambio, fue “mi” mundial. El primero en vivirlo en su totalidad.
Con 10 años.
Me acuerdo muchas cosas. Intensas.
El primer partido contra Camerún. Perdimos 1 a 0.
Me acuerdo que al termino del partido, salimos de noche, con Gutty, mi amigo y alguno más del barrio a hablar de lo que había pasado.
—Che, si perdimos ¿ya fue?— decía uno.
—No, no, esta es la primera ronda, ahora hay que ganar los otros dos.— decía otro.
Me acuerdo de Makanaky, el jugador de Camerún de trenzas o rastas.
Me acuerdo que en el colegio tuvimos que hacer una trabajo práctico del mundial.
Con mis amigos juntábamos las figuritas.
Me acuerdo cambiar las repetidas con pibes de otros grados.
Me acuerdo que un pibe más grande, cuando yo intentaba pasar “rápido” las figuritas de una mano a la otra, me decía que era lento pero que tenía buen material.
Y las intercambiábamos.
Las juntaba, pero no las pegaba en el álbum. No sé porqué, nunca tuve el álbum. Pero sí, las juntaba, las quería tener todas.
Después me acuerdo de Brasil.
El pase del Diego, el golazo del Cani.
Todos los tiros en los palos de los brasileros.
Ganamos.
Ganamos un partido que tendríamos que haber perdido.
Pero no, el fútbol es fútbol por cosas como estas.
Se empezaba a fabricar la épica.
Después los penales.
Yugoslavia.
Apareció “El Goyco”. Un desconocido, al menos para mí, mis 10 años y mis amigos.
Lo tengo grabado.
Impreso en la mente.
Después Italia.
Italia en el mundial de Italia.
El partido lo vi en mi casa con mis amigos. Con Gutty y no sé si con alguien más, quizás Fer Casanova (me sabrá decir cuando lea esto).
El gol del Cani de cabeza.
Grito descontrolado.
1 a 1.
Penales. Otra vez penales.
Pero teníamos un as a la vista de todos.
Oculto estaba antes, cuando Pumpido era titular.
Ahora ya se había dejado ver.
Estaba ahí.
Esperando su turno.
Otra vez: El Goyco.
Los penales del siglo. Atajó dos. Otra vez atajó dos.
El último lo tengo grabado en la mente.
La pelota detenida a un paso de la línea.
Quieta, inmóvil.
Ya El Goyco corría a la mitad de la cancha agitando un brazo por encima de la cabeza.
Y nosotros deliramos.
Salimos, otra vez, con mis amigos, a la calle. Serían las 8 de la noche.
Salimos a festejar, a gritar al mundo. Era mi mundial. El mío y el de mis amigos.
Y podíamos hacer lo que quisiéramos, nos pusimos ahí nomás a jugar con una pelotita de tenis en el paredón del edificio de Gutty.
A jugar “a los penales”, obvio.
En esos años el barrio estallaba.
A las 5, 6, 7 de la tarde un mar de pibes jugaban a la pelota, corrían a las chicas, o boludeaban. El boludear era muy importante en mi barrio.
Pero con el mundial, con este mundial, Flores estaba en ebullición.
Y la épica estaba más fuerte que nunca.
Recuerdo que los grandes decían que no teníamos equipo como para llegar a la final. Entonces, la hazaña valía doble.
Entonces, Goycochea, Caniggia, Burruchaga, Bilardo, Maradona. La mística de ese equipo. Todos lesionados. El equipo estaba casi quebrado, pero seguía en pie.
Maradona, Maradona y Maradona: la voluntad de poder.
Después la final.
La cosa empezó mal. Los italianos silbando el himno argentino.
Maradona puteando a los italianos en vivo y en directo para el mundo. Y siendo casi un “santo” para el Nápoles.
Domingo. Ya no con mis amigos.
Me acuerdo que lo vi en mi casa, en el comedor con mi viejo, mi vieja y mi hermana.
Nunca había sufrido tanto hasta ese momento.
Ese domingo entendí lo que era la angustia. Sentir un vacío en el estómago.
Un 0 a 0 duro. Durísimo.
Se venía el alargue y los penales. Nuestro as. Pero ya lo habíamos mostrado demasiado.
Y a los dueños de la pelota no les gustaba nada.
Un penal que no fue penal a los pocos minutos de terminar.
Pero que igual se iba a patear.
Teníamos al Goyco. El “tiro” les podía salir por la culata.
Pero no.
Les salió bien.
El Goyco no llegó.
Ya estaba.
Quedando algunos minutos para el final, simplemente no lo aguanté más.
Yo y mis 10 años.
Nos fuimos solos a la cocina.
Me fui con la excusa de ir a buscar soda, o algo.
Pero la verdad es que no aguantaba más estar frente al televisor.
Era una realidad, estábamos perdiendo.
Nos quedábamos sin la copa.
Toda esa épica, toda esa mística, esos huevos, Maradona, todo.
No era justo.
En el 86 era demasiado chico, no lo pude disfrutar bien. El 90 era mi mundial y me lo estaban arrebatando.
Me fui a la cocina, solo, caminé en circulo, me fui para no llorar frente al televisor, frente a mi familia. Porque no teníamos una tradición muy futbolera, si lloraba, quizás no me iban a entender. Si estuviera con mis amigos quizá fuera distinto. Ellos entendían.
Me fui a la cocina a sufrir solo.
Me fui a la cocina a llorar.
El réferi pitó.
Listo.
Ya estaba.
Perdimos.
Nos arrebataron la copa de las manos.
Esa copa que había visto mil veces en manos de Maradona en el poster que tenía colgado en el cuarto.
Esa copa que, al volver al comedor, vi en manos de otros. En manos de los Alemanes, o en manos de los dueños de la pelota, da igual.
Y yo estaba ahí.
Yo me sentía ahí, entre los jugadores.
Con Maradona hecho mierda.
Miraba fijo el televisor como miraba una película, donde me identificaba con las aventuras y desventuras de los protagonistas.
Imposible era para mí no involucrarme.
Imposible fue no llorar frente al televisor cuando a Maradona le ponían la medalla de subcampeón y lloraba como un chico de 10 años.
Imposible no quedar hecho mierda.
Me habían arrebatado “mi” mundial.
Después algo me calmó al menos un poco.
La gente recibiendo a los jugadores en la Casa Rosada.
Si no me equivoco hubo más gente que en el 86.
Habíamos perdido, pero nadie podía arrebatarnos ese sentimiento. Estábamos hechos mierda, pero estábamos todos ahí, cantando y teníamos a Maradona.
Éramos subcampeones, pero la historia la contamos nosotros.
La épica estaba intacta.
El cuento cerraba perfecto.
Por supuesto que no fue el mejor mundial. El 86 lo fue.
Pero a mí Italia 90 me cambió la vida.
El Goyco.
El buzo de triangulitos.
Los penales.
El Cani.
Bilardo y sus obsesiones.
La mejor canción de la historia de los mundiales.
La mística.
La épica.
Maradona puteando a los italianos.
Maradona dándole el pase al Cani para el gol a Brasil .
Maradona llorando al término de Alemania-Argentina.
Maradona, a secas.
Porque me llevó de delirar de felicidad con mis amigos, a llorar solo en una cocina oscura un domingo de julio es que para mí Italia 90 fue el mejor mundial. (Hasta ahora)

Sebastián Culp










(Por alguna extraña razón nunca tuve el álbum, pero por una más extraña entendí que era una buena idea pegar las figuritas en hojas blancas. Y como nunca conseguí la de Maradona, me pareció obvio hacer eso que hice).

27 junio 2014

-Sin título-

A los 6 años no entendía nada de lo que había que hacer en el colegio
No entendía por qué había que ir 
No entendía qué había que hacer
No entendía las consignas, los objetivos, nada.
Me limitaba a mirar para delante, y asentir. O a veces ni siquiera eso. Me colgaba mirando alguna manchita en la pared o imaginando que la lapicera de tinta era un supercohete con la misión de llegar a dónde nunca nadie había llegado antes. Recuerdo que imaginaba que la punta era la cabina y que todo el resto era un gran tanque de combustible. No imaginaba dónde estarían los motores. Solo me preocupaba que hubiera un lugar para la tripulación y otro, enorme, para la nafta. Así, con semejante carga, podría llegar a lugares nunca antes imaginados por el hombre. Imaginando eso me sentía bien, qué sé yo.
El resto, no lo entendía, no me importaba.
Pero ojo, no es que estaba más allá de nada. Demasiado joven para hacerme el superado.
No entendía nada de verdad. No sabía que había qué hacer, o por qué.

No entendía ni siquiera cómo hacer ese ejercicio de unir -mediante una línea- puntos numerados. Línea que al llegar al último punto, nos revelaba una forma, un dibujo, por ejemplo, un dragón.

Recuerdo que un día mi compañera de banco, una chica rubia de hachazo y medio achinada, después de explicarme el procedimiento varias veces, optó resignada, por hacer el ejercicio por mí.

Ella dibujaba y yo la miraba.
No entendía nada, pero tampoco era boludo.

Sebastián Culp.




23 junio 2014

La venganza de las fotos

Ya nos reímos de las fotos. Nos reímos de las selfies, de la selfie de pies, de las fotos a la comida, a los gatitos, al café de starbucks, nos reímos de las fotos saltando, etc. etc.  
Ahora vinieron por nosotros.

Porque sacamos fotos cual adolescente histérica
Porque un viernes a la noche, en lugar de salir a embebernos, nos quedamos mirando las 578 fotos del cumpleaños de un fulano que ni conocemos en Facebook.
Porque posamos en fotos como si fuéramos supermodelos o estrellas de rock.
Y por sobre todo porque somos consciente de todas estas pelotudeces y los seguimos haciendo, es que nos decidimos a confeccionar este profundo análisis.

Hay un patrón, hay una ley que gobierna las más estúpidas fotos, en las que somos sus instrumentos de tortura. Una lógica secreta está oculta y se burla de todos nosotros.

Y para colmo hay registro de ello.   


1. "El síndrome de las dos fotos a la vez”

Esto ocurre en grupo, cuando el evento o paisaje requiere una estampa y todos los presentes queremos una foto con nuestra cámara o teléfono. (No sé para qué, porque después seguro nuestra amigo la va a colgar en Facebook).
Ahí es donde el fenómeno se hace presente.
El grupo formado, posando cual estudiante en viaje de egresado es víctima de las dos (o más) cámaras.

“¿A dónde mirar?”
“¿Miro primero a la mía, o a la otra?”
“¿Ya sacó la foto?”, “¿la sacó fin flash?”

El resultado es uno solo: El obvio.

Foto 1 A 














Foto 1 B (La otra cámara) 


















Algunos miran a una cámara, otros a la otra. 



Foto 2 A 



Foto 2 B (En este caso ninguno de los protagonistas mira a la 2da cámara)























2. “El síndrome de la mano flotante”

El genial blog: Peinate que viene gente, fue el disparador para que estas ideas tomaran cuerpo de investigación y posteriormente de articulo analítico.

El fenómeno que acá nos convoca sucede cuando el fotografiado se cree menos que su compañera de estampa.
El resultado es pura ternura. 

Mano flotante 1























Mano flotante 2


















Mano flotante 3














Mano flotante 4 (A dos manos)















3. “El síndrome de la foto que es un video de 2 segundos”

Este fenómeno muy común sucede cuando alguno ha estado jugando con la cámara y la dejó en “Modo filmación”. Por lo tanto al presionar el “gatillo”, lo que vamos a tener como resultado es un video de algunos segundos con la hermosa escena de los personajes posando a cámara totalmente desconcertados y el operador de la misma suele coronar la mágica escena con un “uy... estoy filmando”.   

Foto/Video-de-algunos-segundos 1


"¡Uy,... estoy... está grabando!"

Foto/Video-de-algunos-segundos 2


"Estoy grabando... ja-ja... estoy grabando, ja-ja"

Foto/Video-de-algunos-segundos 3


—Uy no, debe estar filmando ¿no?...
—Sep.
—Qué tontuela.

Foto/Video-de-algunos-segundos 4


Silencio. El desconcierto en las caras.

18 junio 2014

Los Conjeturadores

¿Qué está escuchando este chabón de cresta rosa?

Miércoles
19:19
Subte A
En alguna parte del recorrido sentido a San Pedrito

Joven.
Mirada vencida.
Desahuciado.



Podría estar escuchando Pixies (Resabios de una adolescencia alternativa)
Podría estar escuchando Arctic Monkeys (Más de “ahora”)
Podría estar escuchando los Ramones (Atemporales)

Pero no.

Abatido por un trabajo repetitivo, o quizás por una materia que no logra meter, o simplemente porque el día lo pasó por encima.
Está en un estado de “limbo”.
No duerme, pero no está despierto.
Tiene los ojos abiertos, pero no ve lo que le pasa por adelante.
Por eso tampoco escucha música.
Pero literalmente, no sale nada de los auriculares.

Porque no tuvo las fuerzas de sacárselos una vez que terminó el disco.
O bien, porque nunca puso play.

"Pero —piensa el muchacho de cresta rosa— de paso ahogo un poco la voz que dice qué estación viene, y evito viejas chotas con ganas de parlotear".

Conjeturamos, entonces, que lo único que escucha es su propia cabeza.


12 junio 2014

Cuaderno de comunicaciones #3

HOY: Todos los rockstar llegan tarde
Culp

Una vez fui con mi amigo, Calcu, a ver a Carca a El Especial en Av. Córdoba. Era un jueves. Tocaba, no sé, a las 11 de la noche. Empezó a la 1. Tocó una hora y pico. Todos los temas en versión rockabilly, con contrabajo y toda la bola.
Seríamos 23 personas sentadas en el piso.
Cuando terminó —como era costumbre— Carca se fue con supermodelos.
Nosotros emprendíamos la vuelta a Flores; bajamos las escaleras del tugurio y saliendo, un auto frena adelante de nosotros. Era una chevy que no estaba impecable, pero tampoco destrozada. Parecía que estaba bien de motor, o sea, no sé nada de autos, pero tenía aspecto de potente. El chaboncito, que manejaba, arrima apenas el cuerpo a la ventanilla del acompañante, lugar que ocupaba una mina rockera total: pintura corrida en los ojos, pollera corta negra y medias de red, y se dirige a nosotros:
—¿Ya tocó Carca, loco? —dice el flaquito con una voz nasal, a lo Charly García.
Eran las 3 A.M.
—Sí, sí, ya tocó —le respondemos.
—¡¡Uh!! que colgado... —sentencia el chaboncito y arranca.

Era Joaquín Levinton.
    

30 mayo 2014

Cachos de Realité & Los Conjeturadores

Linyera millonario
Misterio en la heladería Palmeiras 

Heladería Palmeiras
Flores
Sábado






El linyera millonario se pasó un rato largo contando plata. Todos de 100. Muchos. Muchos en serio. Luego papeles chicos. Luego monedas, muchas.

Se levantó con un fajo de billetes (creemos de papales chicos) y los tiró sobre el mostrador del cajero a la vez que balbuceó algo que no escuchamos o no entendimos.

“¿Que no tengo plata?” —pensamos que dijo, pero seguro nos equivocamos.

El cajero ni lo miró.
Los dos empleados que estaban de pie a la espera de algún cliente, se miraron de reojo y soltaron alguna palabra, que tampoco entendimos. Pero sí supimos leer, en sus caras, sus movimientos, el extrañamiento de toda la situación.

Al rato, una mujer de otro local fue a la caja a dar cambio, y se llevó un papel de 100.

Por ello creemos que al cajero de la heladería le deben llevar cambio a menudo. Y que quizás el linyera millonario estaba ahí para hacer lo mismo.
Pero el misterio radica en que el cajero no le dio nada. Y el linyera millonario no se iba, pero tampoco reclamaba. Se quedó sentado ahí, mirando el partido en el lcd colgado sobre la pared.